
Primero fue un libro. Bajo el nombre de Lords of Chaos, escrito por Michael Monyhan y Didrik Soderlin, publicado en 1998. Texto que para unos es el culmen y para otros críticos no pasa de ser sensacionalista y ambiguo. Ya que explota más la parte de crónica roja que el quid del relato y los hechos culturales que gestaron la misma historia.
Luego, se hizo la película, en 2018, con el mismo nombre del libro, bajo la dirección del sueco Jonas Akerlund, exbaterista de Bathory, creador de vídeos de, entre otros, Metallica, Madonna, Coldplay, Rammstein. Proyecto que no gustó a los protagonistas reales, que aún sobreviven, tanto que, cuando les fue solicitada su música para la película, se negaron rotundamente. Dijeron: «¡No! Aunque tenga la firma de Akerlund, sólo quieren un show tipo Hollywood».
Siete años después del filme, en este 2025, otro creador se ha acercado a la misma historia, con su propio estilo y mucho background fanzinero, para mostrarla desde otra perspectiva, con bastantes dotes de humor negro. Se trata de Diego Corbalán, ilustrador español (Murcia, 1981), que en un cómic de 220 páginas, en blanco y negro, donde predomina más este último color, le da un vuelco de tuerca a la historia y presenta un verdadero álbum negro de los hechos. Brutal.
¿De qué hablo? Nada más y nada menos que del nacimiento del black metal en la Noruega y Suecia de comienzo de los años 90. ¿Movimiento? ¿Escena? ¿Subcultura? ¿Subgénero? ¿Secta? ¿Fenómeno social? Llámale como quieras. Lo único cierto es que como derivación o ramificación del heavy, el black metal nació entre la juventud de los países escandinavos, para contrarrestar el blanco eterno de la nieve y la placidez de una sociedad en la que nunca pasaba nada. Había que entretenerse. Buscar otros caminos. Otras sendas. Escudriñar y perderse por los densos bosques nórdicos.
Así surgen, se encuentran y crecen, al ritmo de gritos guturales, bajos y guitarras distorsionadas y baterías potentes, Oystein Aarseth, fundador de la banda Mayhem; Varg Vikernes, de Burzum; Ted Skjellum, de Darkthrone; Vegard Sverre, de Emperor. (Súmale un largo etcétera). Cada uno con su propio alias, para hacerse reconocer por propios y ajenos: Aarseth es Euronymous; Vikernes, Conde Grishnackh; Skjellum, Nocturno; Sverre, Ihsanh.
Todos integrantes, sin saber (o sabiéndolo), del Inner Circle, como los llamaban o se hacían llamar (siempre lo negaron). Una caterva o grupo de bandas escandinavas con canciones oscuras, letras desgarradoras, simpatías satánicas, que se disputaban el trono del caos y hacían de la blasfemia su bandera. Una «congregación» que, como parte de esa disputa por el liderazgo, estuvo ligada a la quema de iglesias, profanación de cementerios, asesinatos y suicidio incluido, durante los nacientes años 90, en Noruega. Ingredientes esenciales para lo que denominan True Crime.
De todo ello se vale Diego Corbalán que, con su seudónimo Magius (como buen blackmetalero también tiene alias), firma una obra magistral. En el libro de la editorial Autsaider Cómics, el autor se toma alguna que otra licencia. Una de ellas: mostrar a los protagonistas no como jóvenes de entre 18 y 20 años que fueron sino como niños de 10 y 11 que, jugando, crearon el ¿Movimiento? ¿Escena? ¿Subcultura? ¿Subgénero? ¿Secta? ¿Fenómeno social?, lo que lleva a otra dimensión la historia.
Leer los textos y ver las ilustraciones de Magius es como asistir a un concierto del Mayhem más puro. Espectáculo, en los que además de la música, empalaban cabezas de cerdos y su vocalista, Per Yngve Ohlin, se autolesionaba en publico. No apto para menores. Sobre el mismo voz líder, al que apodaban Dead (No más preguntas, señor juez), hay que recordar que después de suicidarse, dejó una nota en la que se leía «perdonen tanta sangre». Krastad, Noruega. 1991.
Brutal, escribí párrafos antes sobre Black Metal, de Magius. Y no exagero. Según la RAE, la palabra devino del latín brutalis y en su primera acepción la define como «propio de los animales por su violencia o irracionalidad». Black Metal Pure. Aunque me declino por la segunda acepción, cuando me refiero al cómic: «Adjetivo también para calificar una obra inconmensurable»…. como la de Magius. «Perdonen tanta tinta».


