Los Silicones están de camino…

Los Silicones están en el camino. He escuchado Louder, el más reciente sencillo de la banda Silicon Dwellers y puedo decir que es un digno trabajo de carpintería. ¡Hay madera! De hecho, al escribir esta reseña, en el ordenador, de fondo, suena -una vez más-, la intro de la batería que abre camino al diálogo y contraste entre la guitarra y el bajo, que dan paso a la voz. Una voz lenta y arrastrada, a veces agónica, muy acorde para el tema. Una voz que se mece, como un niño en un columpio, empujada por los instrumentos que la potencian, sin dejarla caer. «Fuerte. Más fuerte», parece decir el niño a la manos que lo mecen y lo llevan a moverse. Fuerte. Más fuerte. Alto. Más alto. Decir que «es un digno trabajo de carpintería» puede sonar a tópico, pero en este caso, no. Es latente. Ahí esta la canción como prueba. Hay madera. Y lo digo y escribo no tanto porque el tema esté bien definido, contrastado y apuntillado, sino también porque al escucharlo me llevó a recordar a Harrison Ford, en su tiempo, antes de ser Han Solo o Indiana Jones. Louder es Harrison Ford. El carpintero antes de ser actor. El hombre que transformaba la madera en habitaciones, casas o estudios de música, como el que le hizo al cantante brasileño Sergio Mendes y que fue «el principio de una bonita amistad». Louder es el Harrison Ford que, mientras audicionaba en Los Ángeles, para abrirse camino como actor, se alimentaba y vivía como carpintero. Louder no es Han Solo. Es una canción que no viene de una galaxia muy lejana, nace y crece aquí, muy cerca, en un estudio de Gràcia (Barcelona). Es un tema, que bien podría descubrir, como un tesoro, dentro de una tumba del Antiguo Egipto, un arqueólogo como Indiana Jones. Sólo hay que escucharlo para creerlo. Fuerte. Más fuerte. Alto. Más alto. Los Silicones están en el camino.

Silicon Dwellers son: JotaPé (guitarra), Rosie (bajo), Luis (batería) y Jose (voz). / Foto: Rosie.

Poesía desde la entropía

Principio de entropía, Eolas Editorial, 2025.


«Cada poeta es original a su manera», dice el escritor español Andrés Trapiello. Y con su más reciente libro, Sergi de Diego Mas (Barcelona, 1975), da prueba de ello. Publicado por Eolas (editorial asturiana), Principio de entropía es un mar de 143 páginas, en el que el autor bucea, pesca, nada, medita, surfea, naufraga, hace apnea y hasta camina, sin problema alguno, sobre el agua que forman las palabras. Confirmando lo dicho por Trapiello, como poeta, aplicado a Sergi, de Diego Mas es singular. Único. Atrayente.

Sobre el trabajo, no sólo en este libro sino también acerca de la forma para enfrentar sus proyectos, en un intercambio de WhatsApp, que tuvo de Diego Mas con mi hijo, Joaquim, que leyó Principio de entropía y asistió también a la presentación, el autor respondió a la pregunta de cómo se inspira y crea su mundo poético.

«Es un tema de mirada, de estar atento, con curiosidad e interés, de estar atento a lo que nos rodea. Y cuando digo mirada, no solo digo mirar de ver sino también de pensar. Escuchar lo sonidos, las palabras. Acercarse a las cosas, para verlas más de cerca y, a la vez, verlas más de lejos. Y luego, intentar establecer conexiones, como diálogos entre esas cosas», explicó de Diego Mas.

El poeta también agregó: «ya de pequeñito hacía eso. A veces lo escribía en cuentos, me inventaba aventuras con muñecos. Al final es un poco darle rienda suelta a la imaginación. No tener miedo de ampliar el campo de mirada. La perspectiva. Al contrario, tener ganas de escuchar cosas diferentes, cosas que no has escuchado nunca. Tener ganas de leer, de ver cosas que generan un estímulo diferente. Buscar la diferencia».

Así es de Diego Mas. Diferente. Como lo demostró (también), en la conversación que tuvo, durante la presentación del libro, en la ya mítica librería Nollegiu, de la calle Pons i Subirà, número 3, de Barcelona, con el también escritor, crítico literario, profesor y gestor cultural, Jordi Carrión, que dio en la diana al compartir con el público su lectura del libro.

«Es un artefacto en el que encontramos los elementos de un buen libro de poesía: personajes, espacio, tiempo, estructura. Principio de entropía es un libro coherente con la obra de Sergi, con su poesía, su mundo. Es igual que sus dos libros precedentes (E-Mails para Roland Emmerich [Traficantes, 2012]; Cinemascope, [Trea, 2018]), que mezclan los lenguajes que interesan al autor. Un autor de un mundo muy orgánico», puntualizó Carrión.

«Y si la poesía fuera simplemente una forma de escuchar lo que aún no sabemos decir», se cuestiona la también poeta y escritora Ana Gorría, que después de leer Principio de entropía: concluye rotundamente: «es una obra que no responde: pregunta».

P.S. Dice Joaquim que Sergi espera con mucha ilusión que alguien más lea en voz alta el poema de la página 105. (Joaquim ya lo hizo)… escuchamos propuestas. Endavant!

Sergio de Diego Mas y Jordi Carrión, en la librería Nollegiu, de Barcelona, durante la presentación de ‘Principio de entropía’, de Eolas Editorial. Foto / Desde la Multitud / Joaquim Cabrera Rosales Climent.

‘Black Metal’: «Perdonen tanta tinta»

Imagen tomada de libro Black Metal, de Magius, editado por Autsaider Cómics.
Viñeta-ilustración de Diego Corbalán, Magius, tomada de su libro Black Metal, editado por Autsaider Cómics. Libro que se consigue por 25 euros y que ya va por su 2a. edición.


Primero fue un libro. Bajo el nombre de Lords of Chaos, escrito por Michael Monyhan y Didrik Soderlin, publicado en 1998. Texto que para unos es el culmen y para otros críticos no pasa de ser sensacionalista y ambiguo. Ya que explota más la parte de crónica roja que el quid del relato y los hechos culturales que gestaron la misma historia.

Luego, se hizo la película, en 2018, con el mismo nombre del libro, bajo la dirección del sueco Jonas Akerlund, exbaterista de Bathory, creador de vídeos de, entre otros, Metallica, Madonna, Coldplay, Rammstein. Proyecto que no gustó a los protagonistas reales, que aún sobreviven, tanto que, cuando les fue solicitada su música para la película, se negaron rotundamente. Dijeron: «¡No! Aunque tenga la firma de Akerlund, sólo quieren un show tipo Hollywood».

Siete años después del filme, en este 2025, otro creador se ha acercado a la misma historia, con su propio estilo y mucho background fanzinero, para mostrarla desde otra perspectiva, con bastantes dotes de humor negro. Se trata de Diego Corbalán, ilustrador español (Murcia, 1981), que en un cómic de 220 páginas, en blanco y negro, donde predomina más este último color, le da un vuelco de tuerca a la historia y presenta un verdadero álbum negro de los hechos. Brutal.

¿De qué hablo? Nada más y nada menos que del nacimiento del black metal en la Noruega y Suecia de comienzo de los años 90. ¿Movimiento? ¿Escena? ¿Subcultura? ¿Subgénero? ¿Secta? ¿Fenómeno social? Llámale como quieras. Lo único cierto es que como derivación o ramificación del heavy, el black metal nació entre la juventud de los países escandinavos, para contrarrestar el blanco eterno de la nieve y la placidez de una sociedad en la que nunca pasaba nada. Había que entretenerse. Buscar otros caminos. Otras sendas. Escudriñar y perderse por los densos bosques nórdicos.

Así surgen, se encuentran y crecen, al ritmo de gritos guturales, bajos y guitarras distorsionadas y baterías potentes, Oystein Aarseth, fundador de la banda Mayhem; Varg Vikernes, de Burzum; Ted Skjellum, de Darkthrone; Vegard Sverre, de Emperor. (Súmale un largo etcétera). Cada uno con su propio alias, para hacerse reconocer por propios y ajenos: Aarseth es Euronymous; Vikernes, Conde Grishnackh; Skjellum, Nocturno; Sverre, Ihsanh.

Todos integrantes, sin saber (o sabiéndolo), del Inner Circle, como los llamaban o se hacían llamar (siempre lo negaron). Una caterva o grupo de bandas escandinavas con canciones oscuras, letras desgarradoras, simpatías satánicas, que se disputaban el trono del caos y hacían de la blasfemia su bandera. Una «congregación» que, como parte de esa disputa por el liderazgo, estuvo ligada a la quema de iglesias, profanación de cementerios, asesinatos y suicidio incluido, durante los nacientes años 90, en Noruega. Ingredientes esenciales para lo que denominan True Crime.

De todo ello se vale Diego Corbalán que, con su seudónimo Magius (como buen blackmetalero también tiene alias), firma una obra magistral. En el libro de la editorial Autsaider Cómics, el autor se toma alguna que otra licencia. Una de ellas: mostrar a los protagonistas no como jóvenes de entre 18 y 20 años que fueron sino como niños de 10 y 11 que, jugando, crearon el ¿Movimiento? ¿Escena? ¿Subcultura? ¿Subgénero? ¿Secta? ¿Fenómeno social?, lo que lleva a otra dimensión la historia.

Leer los textos y ver las ilustraciones de Magius es como asistir a un concierto del Mayhem más puro. Espectáculo, en los que además de la música, empalaban cabezas de cerdos y su vocalista, Per Yngve Ohlin, se autolesionaba en publico. No apto para menores. Sobre el mismo voz líder, al que apodaban Dead (No más preguntas, señor juez), hay que recordar que después de suicidarse, dejó una nota en la que se leía «perdonen tanta sangre». Krastad, Noruega. 1991.

Brutal, escribí párrafos antes sobre Black Metal, de Magius. Y no exagero. Según la RAE, la palabra devino del latín brutalis y en su primera acepción la define como «propio de los animales por su violencia o irracionalidad». Black Metal Pure. Aunque me declino por la segunda acepción, cuando me refiero al cómic: «Adjetivo también para calificar una obra inconmensurable»…. como la de Magius. «Perdonen tanta tinta».

Portada del libro 'Black Metal', de Magius, publicado por Autsaider Cómics.
Descubrí el libro por casualidad. Estaba en la estantería de las novedades, en la biblioteca Mercè Rodoreda, del barrio Can Baró, en Barcelona. Un libro oscuro, literal y metafóricamente, con mucho humor negro, que te sumerge en los abisales del black metal. Está codificado en esa biblioteca: 11000014658277.

¿Qué cuentan las crónicas?

‘Cuentan las crónicas’ fue comprado en la cooperativa cultural Rocaguinarda, del carrer Xiprer, 13, CP 08041, en el barrio Guinardó, Barcelona. Foto / Desde la Multitud / Wolframio Caballero.

En noviembre de 2011, para la revista Gaceta, de Colombia, entrevisté a Martín Caparrós. El escritor argentino recién había ganado el premio Herralde de novela, por su novela ‘Los Living’.

Durante la conversación, en la terraza del hotel Condes, en Barcelona, además del premio y otros temas, también abordamos, ¿cómo no?, el tema del fútbol y la literatura.

Citando a Juan Villoro, le pregunté si concordaba con el mexicano, su amigo y colega, en la idea que éste sostiene, que es muy difícil hacer del fútbol, literatura, «porque en sí, ya está contenida esa idea de épica dentro del mismo juego…».

Caparrós contestó afirmativamente. «Sí, yo suelo decir que el fútbol es un relato tan bien armado, que es difícil hacer de eso un relato por otros medios. Es un relato hecho de eso, de corridas, de pelotazos y de una épica propia que, después para trasladarla a otra, como es la estructura narrativa de un texto, tiene sus problemas. Pero, sin embargo, hay maneras de intentarlo».

«Hay maneras de intentarlo», dijo el autor de, entre otras muchas obras, ‘Namérica’,’El Hambre’ y ‘Boquita’. Traigo a colación el recuerdo de esa conversación y la respuesta de Caparrós: «Hay maneras de intentarlo»; porque eso es lo que hace precisamente Javier López Menacho, con su más reciente libro: ‘Cuentan las crónicas’, de Rasmia Ediciones.

López Menacho lo intenta y salé bien librado en este partido de fútbol convertido en novela. ‘Cuentan las crónicas’ es una historia coral, como el fútbol, donde prevalece la función del equipo y no la brillantez individual. Es una narración en la que confluyen otras digresiones, que alimentan la trama y desarrollan con fluidez el hilo narrativo. Gol.

‘Cuentan las crónicas’ es fútbol sin gluten. Balompié real. Sin VAR. Ese de campos de Tercera, o Cuarta división, en las que sobreviven futbolistas de barrio, cuya nómina no alcanza a llegar a fin de mes. ¿Les suena de algo? Futbolistas de a pie que, agobiados por la precariedad, intentan otras maneras de salir adelante en la vida. A veces… transitando caminos por los que no se debe andar. Fuera de lugar.

‘Cuentan la crónicas’ también es el homenaje de un autor nacido en Jerez de la Frontera a un escritor universal, como Gabriel García Márquez, y su ‘Crónica de una muerte anunciada’. Obra de la que López Menacho se nutre para darle forma a esta manera de intentar hacer de fútbol, literatura. «Jugada de laboratorio, a dos toques», diría un narrador de fútbol en radio. Tiro Libre.

Y es que siempre hay maneras de intentarlo... ¿o no, Martín? ¿O no, Javier? No sólo hacer del fútbol, literatura, sino todo en la vida. Y eso es lo importante: el valor de intentarlo. Y López Menacho no sólo lo intenta, sino que sale avante y gana por goleada. Pitazo final.

La literatura de Javier López Menacho tiene aroma de reivindicación social. ‘Cuentas las crónicas’ fue terminado (libro), terminada (novela), de leer en el café Spigolo, de la Piazza Giovanni Cagliero, 4, 00181 Roma, Italia. De ahí la maglia azzurra que viste el lector. Foto / Desde la Multitud / Andrea Rosales.

¡The Big Pope!

Si tuviera mucho dinero y una productora de televisión, sin dudarlo un segundo, ofrecería al Vaticano, ya mismo, un cheque en blanco, para hacerme a los derechos exclusivos del cónclave que elegirá al próximo papa.

Si tuviera mucho dinero y una productora de televisión, sin dudarlo un segundo, convencería al Vaticano de hacer un reality (no sería difícil, dinero de por medio), cuyo fin sería encontrar sucesor a Francisco, como líder de la iglesia católica mundial.

El programa llevaría por título ‘The Big Pope’, (All Rights Reserved by Juanli) y como en cualquier producto de este género televisivo, los cardenales candidatos serían seguidos por cámaras las 24 horas del día: en sus habitaciones, en la cocina, en el comedor, en el baño, en el confesionario y claro está, en la mismísima Capilla Sixtina, al momento de la votación. Fumata bianca.

Votación, a propósito, de la que participarían los más de mil millones de católicos y televidentes que sigan el programa a nivel mundial. Haciendo cumplir de verdad el precepto de que la Iglesia se abra a sus fieles. Votación por teléfono y RR. SS., previo pago, claro está. El papa a un click. El papa de la gente.

Para hacerlo más interesante y crear contenido, el reality, como cualquier otro, incluiría concurso de talentos. Así el cardenal venido de México lograría interpretar cualquiera de las rancheras de Pedro Infante o José Alfredo Jiménez y/o el representante de Nueva Zelanda podría deleitar a los televidentes con su interpretación de la danza maorí Haka. Como si de un All Blacks se tratase. Vestido como tal, para el Cuatro Naciones de Rugby.

En ese sentido, estaríamos a abiertos a monólogos hamletianos o actuaciones que nos recuerden a Marilyn Monroe, en cualquier de sus películas, o a la mismísima Kelly LeBrock, en la ochentera The Woman in Red.

Remember la mirada de Gene Wilder y el vestido rojo de la chica volando, al pasar por un respiradero de metro, dejando ver las extremidades inferiores de LeBrock y sus bragas rojas de seda. Qué bien se vería, televisivamente, en lugar de Kelly, un cardenal y su sotana al vuelo, mostrando sus piernas consagradas, para llevar el peso de la iglesia sobre ellas.

Ya entrados en gastos, como si fueran camisetas de futbolistas, personalizaríamos mitras, báculos, casullas, mucetas, esclavinas, estolas, y hasta solideos, con los apellidos de los purpurados, como productos para comercializar en las calles.

Lograr que los niños no vistan camisetas de Lamine Yamal ni Mbappe sino casullas de Parolin, sotanas de Tagle y el solideo de Becciu, sería el objetivo.

Y por último, dinero de por medio (otro cheque en blanco), intentaría de convencer a toda la curia, que para mantener en alto la popularidad, habría de realizarse un cónclave cada cuatro años. Sí, como un mundial de fútbol, convirtiendo a la ciudad vaticana en La Meca (¡Upps!) de los fanáticos religiosos católicos ultras y no tanto. Nada de Extra Omnes. Iglesia de puertas abiertas. 24 horas. Bueno, no tanto. Al menos, Seven/Eleven. Todos dentro. Amén.

Pérez Andújar y la metáfora de lo ‘pulp’ para hacer literatura

El escritor Javier Pérez Andújar explica a la prensa los tejidos de su nueva novela: ‘La noche fenomenal’. / Foto: Wolframio Caballero


Dice Javier Pérez Andújar
que ha adquirido un compromiso con la literatura. El pacto de escribir novela, sobre todo, ficción. Así, con ese acuerdo, abre la mesa de presentación de su más reciente novela, La noche fenomenal (Anagrama), en un hotel de Barcelona.

Rodeado de periodistas, en una mesa rectangular, el autor de Sant Adrià de Besòs confiesa que este nuevo libro es un homenaje a muchos de sus amigos. Varios de ellos muertos pero que él decide resucitar en las 272 páginas, como personajes,  para «vivir cosas delirantes», que le hubiera gustado compartir con ellos en vida.

Tapa de ‘La noche fenomenal’, de editorial Anagrama. / Foto: Wolframio Caballero

«Es una historia con la base de las novelas de caballería, que cuenta la historia de una pandilla que investiga cosas paranormales… y que termina, ¡como no!, en Sant Adrià, que es el centro del mundo».  Desparpajado. Frenético. Disparatado. El pulp hecho cuerpo. Lo popular hecho voz. Pérez Andujar se muestra como es. Sin aspavientos o cortinas de humo que lo desfiguren y lo intenten definir como un «intelectual», que está por encima de todos.

De ese mundo «Perezandujariano», que es él mismo, es fácil resaltar doce  frases que aún se oyen en ese hotel del Passeig de Gràcia, en Barcelona:

1. «El estilo es la manera de  ser».
2. «Está bien inventarse personajes para que hagan lo que tú no harías en la vida».
3. «Escribo de parapsicolgía para no dedicarme a ella».
4. «Tomo la iconografía de los años 70 y la utilizo como elemento literario».
5. «Mi trabajo es convertir material popular en metáforas literarias».
6.  «La literatura te salva por la ficción».
7.  «He decidido escribir ficción para escapar de mí, pero estoy atrapado».
8.  «Lo que me gusta de la política es su condición humana».
9.  «Es muy difícil escribir sin referirte a los que has leído».
10. «Escribir es el pretexto para seguir leyendo».
11. «El conocimiento está para conocerlo, para desafiarlo».
12. «Me encanta estar a favor de los que no pueden ganar».

Pérez Andújar: «Si trabajo en lo profundo no acierto, soy más un escritor en lo superficial». / Foto: Wolframio Caballero

Leicester David

Si tuviera un hijo, ya mismo, sin dudarlo, le llamaría Leicester. Y si fuera hija, también: Leicester. Claro, tendría que luchar contra el “¡no!” rotundo de mi pareja. “¡¿Cómo se te ocurre?!”, diría ella ante mi propuesta con leve tufo a pub inglés. Tratando de convencerla, le hablaría de los 132 años de fundado que lleva el club británico. Buscando más argumentos, sacaría tiempo para mostrarle los vídeos de los 37 partidos jugados en el campeonato de la Premier League, que lo llevaron a obtener su primer título, durante la temporada 2015-2016. Me haría de armas a tomar e intentaría desglosarle jugada a jugada, como si fuera el mismísimo Pep Guardiola o Diego Simeone, el sistema o dibujo táctico del equipo.

Si tuviera un hijo o hija, en este momento, le pondría de nombre Leicester. En mi tarea difícil de persuadir a mi esposa, le contaría de cómo, al principio del campeonato, nadie daba un penique por el equipo, que terminó 14 el año pasado y que esta temporada solo buscaba salvarse de la maldición del descenso. A manera de chisme o cotilleo, le diría que, cuando conoció quién sería el entrenador para este curso, Gary Lineker, mítico exjugador del equipo, de la selección inglesa, y del FC Barcelona, escribió en su Twitter, el día 13 de julio de 2015, a las 6 horas, 24 minutos, de la tarde: “¿Ranieri? ¿Really?”. Mensaje que fue “retuiteado” 19.712 veces y que logró 10.927 “me gusta”. Hoy, casi un año después, Lineker es otro que se ha subido al bus de la victoria. El exgoleador forma parte de la turbamulta que alardea con el “¡Je suis Leicester!”.

En este punto, ya envalentonado, le diría a mi mujer que, por mi parte, se llamará Leicester. Sólo por el simple hecho de haber demostrado que con una nómina titular fichada a costo de menos de 25 millones de euros, en tiempos de hiperinflación futbolera, le dio cara, enfrentó y venció a los grandes de la liga de fútbol más competitiva, mejor organizada y, si se puede hablar de estética, más bonita. Sí, que le dio batalla y puso en su sitio a los dos Manchester y a los londinenses Totthenham y Arsenal.

Me imagino a Leicester, niña o niño, corriendo por la guardería o saltando en el parque del barrio, tropezando con las raíces de los árboles y volviéndose a levantar con la cara llena de arena. Ya lo veo o la veo y la sonrisa se me dibuja en el rostro. No sólo por la pequeña o el pequeño sino porque cada vez que lo observe o la observe, la recoja o lo recoja en mis brazos, ni hablar de cuando la llame o lo llame: “¡Leicester!”, recordaré el día en que un equipo pequeño venció a los más grandes de su campeonato. Cuando el fútbol puro y pobre venció al aburrido y multimillonario fútbol moderno.

Pensando así, quizás, solo para mantener el buen clima de la relación, y en aras de ceder en la negociación del proceso de hallarle un nombre “normal” a un hijo o hija, tal vez en ese momento, consideraré la opción de un nombre compuesto. ¿Qué tal Leicester David? Dicho sea de paso, sin importar que sea niño o niña.

La voz del Camp Nou

El estadio del Fútbol Club Barcelona tiene voz propia. Muchos la han escuchado pero pocos conocen el rostro de la persona que está frente al micrófono. Manel Vich está a punto de cumplir 76 años y su deseo de seguir siendo el locutor del Camp Nou es latente. En más de medio siglo, sólo un cáncer de riñón y las bodas de sus hijos han hecho que falte alguna vez a un trabajo por el que nunca ha cobrado. Crónica de un hombre a una voz pegado. Escrita para la revista Panenka, No. 27, de febrero de 2014.


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(Haz clic en la imagen o en el enlace, abajo,
para leer la historia completa en pdf).

Publicado en Revista Panenka No. 27, Febrero, 2014

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¿@brazuca?

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La primera vez
que oí la palabra brazuca se la escuché decir a un amigo argentino en un partido de fútbol. Me sonó peyorativo. Fue en tono de insulto. Hace un par de años disputábamos un partido con mi equipo de entonces, Rosario Central de Catalunya, en el campeonato catalán de la Tercera Territorial. Mi compañero llegó a pelear un balón en una jugada dividida. Y el contrario, un jugador brasileño, entró con la pierna en alto, muy fuerte. ¡Falta! “Brazuca de mierda”, le soltó el argentino. Y brazuca quedó grabado en mi cabeza al lado de sudaca, el insulto preferido de los nacidos acá (Europa) para los nacidos allá (Sudamérica).
Y justo esa palabra, brazuca, fue la escogida para darle nombre al balón que ha sido presentado por Adidas como la pelota oficial del Mundial de Fútbol 2014 de Brasil. No lo entiendo. A mí me sigue sonando a insulto. Sin embargo, no piensan así quienes la escogieron y dicen que es un “gentilicio informal”. De acuerdo con una encuesta realizada por Adidas en Brasil, de 1.119.539 de personas que votaron en Internet, el 77.8% lo hicieron por Brazuca; el 14.6%, por Bossa Nova; y el 7,6%, por Carnavalesca. ¡Qué bonito hubiera sido hablar de Bossa Nova como pelota! Muy musical. Muy brasileña. En fin, en Río de Janeiro fue presentado, en el caso de llamarle balón, o presentada, si le decimos pelota, Brazuca. Entre las luces de la fiesta por su estreno oficial, la imagen que me queda es que a primera vista el balón podría ser fácilmente confundido con un globo de feria. De esos que se les escapan de las manos a los niños mientras prefieren asegurar la manzana caramelizada. (Ojo, con esto último no estoy hablando de cómo le ira a Messi en el Mundial). En fin, que fue presentado Brazuca y en una de las paredes del evento, se veía proyectado el @brazuca. Curioso entre a Twitter y vi que la cuenta que se identifica así: “I’m @brazuca. The official match ball of the 2014 FIFA #WorldCup. I tweet in English & Portuguese. Love me or lose me! Oh, and follow me. #ballin”; ya tiene más de 78.000 seguidores. Y, a su vez, sigue a 27 cuentas o perfiles. Por un momento pensé que entre los seguidos por @brazuca estarían el Jabulani de Sudáfrica 2010; TeamGeist de Alemania 2006, el Tango de Argentina 1978; el viejo Crack de Chile 1962, el Etrusco de Italia 1990, el Telstar de México 1970, y hasta el @Wilson de El Náufrago; pero no, @brazuca se olvida de sus raíces y sabe con quién juntarse. Entre sus seguidos están @SeppBlatter o @FIFAcom. Con esto queda claro aquella máxima que oí en un bar de Can Baró: “Tanto a la pelota como a los jugadores sólo se les sigue sobre el campo de fútbol, lo demás son insultos”.