Los Silicones están de camino…

Los Silicones están en el camino. He escuchado Louder, el más reciente sencillo de la banda Silicon Dwellers y puedo decir que es un digno trabajo de carpintería. ¡Hay madera! De hecho, al escribir esta reseña, en el ordenador, de fondo, suena -una vez más-, la intro de la batería que abre camino al diálogo y contraste entre la guitarra y el bajo, que dan paso a la voz. Una voz lenta y arrastrada, a veces agónica, muy acorde para el tema. Una voz que se mece, como un niño en un columpio, empujada por los instrumentos que la potencian, sin dejarla caer. «Fuerte. Más fuerte», parece decir el niño a la manos que lo mecen y lo llevan a moverse. Fuerte. Más fuerte. Alto. Más alto. Decir que «es un digno trabajo de carpintería» puede sonar a tópico, pero en este caso, no. Es latente. Ahí esta la canción como prueba. Hay madera. Y lo digo y escribo no tanto porque el tema esté bien definido, contrastado y apuntillado, sino también porque al escucharlo me llevó a recordar a Harrison Ford, en su tiempo, antes de ser Han Solo o Indiana Jones. Louder es Harrison Ford. El carpintero antes de ser actor. El hombre que transformaba la madera en habitaciones, casas o estudios de música, como el que le hizo al cantante brasileño Sergio Mendes y que fue «el principio de una bonita amistad». Louder es el Harrison Ford que, mientras audicionaba en Los Ángeles, para abrirse camino como actor, se alimentaba y vivía como carpintero. Louder no es Han Solo. Es una canción que no viene de una galaxia muy lejana, nace y crece aquí, muy cerca, en un estudio de Gràcia (Barcelona). Es un tema, que bien podría descubrir, como un tesoro, dentro de una tumba del Antiguo Egipto, un arqueólogo como Indiana Jones. Sólo hay que escucharlo para creerlo. Fuerte. Más fuerte. Alto. Más alto. Los Silicones están en el camino.

Silicon Dwellers son: JotaPé (guitarra), Rosie (bajo), Luis (batería) y Jose (voz). / Foto: Rosie.

El tsunami argentino frente a los rescatistas del Open Arms: ¿qué selección gana el Mundial 2026?

Me dice José ‘Pirri’ Quereda, vía WhatsApp, que todo el Mundial ha tenido «buena vibra» con España pero que no le gusta tener a Argentina en frente y me pregunta cómo veo el partido. Por la misma vía, contesto: A nadie le gustaría tener a Argentina enfrente. Pero esa es la realidad. Si Gustavo Alfaro, entrenador de Paraguay, definió a la Francia de Mbappé, Dembélé y Olisse, como una tormenta eléctrica, Argentina podría ser un tsunami. Una ola gigantesca que no la ves venir y de pronto, de un momento a otro, te arrolla. Te ahoga. Te mata. Pero la realidad es esa: España tiene enfrente a Argentina. Y para ser campeón del Mundial 2026 hay que solventar, de la mejor manera, ese tsunami. La selección de de la Fuente tiene los medios (literal y metafóricamente hablando) para detener ese fenómeno climático en que se ha convertido el equipo de Lionel Scaloni. ¿Cómo se para un tsunami? La sabiduría de las poblaciones en las costas e islas del Pacífico Sur, que son los que más los han sufrido a lo largo de los años, explican que un tsunami no se frena. No se interrumpe. Es imposible. Lo mejor, si lo sabes con antelación, es esperarlo. Tomar precauciones necesarias, como por ejemplo; subir a las zonas más altas del lugar, y dejarlo pasar. Dejar que el fenómeno, con su ímpetu, se ahogue a sí mismo. Y cause el menor destrozo. Eso tiene que hacer España con Argentina. Subir a las zonas altas y cuando el violento movimiento de la ola gigantesca haya pasado y las aguas estén tranquilas, aprovechar el momento y salvar la vida. Buscar rescatar el gol. Para eso tiene un gran equipo de salvavidas, dignos de navegar en el Open Arms: Rodrigo, Oyarzabal, Merino, Porro, Cucurrella, Olmo, Simon, etc… Ahora, pasado el tsunami, que tiene que ver con lo colectivo, con el equipo; Argentina tiene otro fenómeno climático independiente, con el que hay qué contar y que los expertos no han podido catalogar. De momento lo han denominado provisionalmente Masa Extraordinaria Salvaje Silenciosa e Inteligente (M.E.S.S.I.) ¿Quizás allí esté la diferencia de la final de fútbol del Mundial 2026, que enfrenta a un tsunami contra los rescatistas del Open Arms?

Campeones de Las Malvinas

Qué si vi el partido Inglaterra-Argentina? ¿Qué si mereció ganar Argentina? Me pregunta José Diago, vía WhatsApp, y por la misma vía contesto: el fútbol, como la vida, no es de merecer. Es de buscar todo, para ganar. Eso hizo Argentina y así consiguió el pase a la final del Mundial 2026. Inglaterra se acordó de lo que siempre ha sido ese país, en manos de los «tories»: conservador, tacaño, egoísta, rácano, cicatero. Y a eso jugó en Atlanta. Por eso perdió. No se puede ir ganando un partido y ponerse a defender con línea de 5 y hasta de 6. Tuchel jugó a ser la Thatcher contra los mineros en 1984 y el tiro le salió por la culata. Eso ha confirmado lo que ya estaba en boca de muchos: Tuchel es un espía alemán, para derrotar a Inglaterra, desde dentro, y vengar la derrota de la Segunda Guerra Mundial ¿O no Churchill? Y si a alguien le queda duda del poderío argentino sobre los ingleses, que cuente las veces que la pelota rebotó en los palos. La FIFA ya debería estar pensando una nueva regla: medio gol por cada vez que el balón golpee en los postes. ¿O no Mac Allister? Así nos evitaríamos alargues eternos y los porteros que llevan, en el botellín del agua, los nombres y formas de tirar los penalties los jugadores del equipo contrario. Eso no es planear. Eso es jugar a la derrota. Coming Home? ¡No! El fútbol se fue de casa y no volverá jamás. Bye!

¿Habemus Pepem?

José Mujica falleció el martes 13 de mayo en un hospital de Montevideo y pidió ser enterrado junto a Manuela, su perra de tres patas, en el Rincón del Cerro, su chacra en las afueras de Montevideo (Uruguay). Así se se hizo. Requiem pace.

Pepe, como lo llamaban cercanos y lejanos, exguerrillero Tupamaro, expresidente de Uruguay y máximo estandarte de la izquierda política murió a los 89 años. Su «trono», como líder internacional, ha quedado vacío y ya muchos anhelan sucederle. Cardenales, perdón, aspirantes no faltan. Sede Vacante.


En el conclave imaginario, que podría tener lugar en Montevideo, la capital uruguaya haría de Ciudad del Vaticano. Y nada mejor que Punta Carretas, esa cárcel, -donde precisamente Mujica estuvo preso y fue torturado- que hoy es un Shopping Center, sobre la calle José Ellauri 350, para hacer de Capilla Sixtina y confinar a los candidatos electores. Extra omnes.

Sin lugar a dudas, así a muchos de sus compatriotas (y de otros sitios del mundo -Trump, incluido-) no les sienta bien, en este cónclave sin purpurados, parte con ventaja el colombiano Gustavo Petro. Exguerrillero -como Mujica-, del M-19; que estuvo preso -como Mujica-. Torturado -como Mujica en Uruguay-, Petro fue víctima del estado de sitio del gobierno colombiano de Belisario Betancur. Sin Habeas corpus.

Petro pronto será expresidente -como Mujica- (le resta 1 año de mandato), y así completará casi todos los requisitos para ser Pepe II. Sin embargo, la fumata blanca podría ser negra en las primeras votaciones, de no haber consenso en el cónclave de Punta Carretas Shopping Center. Otros pretendientes puede que se levanten ante al favoritismo del colombiano. Alter ego. Casus belli.

El primero de ellos es Luis Inácio Lula da Silva. Sin haber empuñado armas, como guerrillero, se sabe de su pasado sindicalista en Brasil. Organizador de huelgas contra la dictadura y fundador del Partido de los Trabajadores. Da Silva tiene las condiciones orgánicas. No por nada es reconocido como «el primer presidente obrero» de o maior país do mondo. Con 79 años y a 2 de finalizar el mandato en Brasil, Lula (I) ocuparía el lugar de Mujica, de forma natural. Quid pro cou.

Al entrar enfrentados y no llegar a un acuerdo entre «petristas» y «lulistas», en Punta Carretas Shopping Center, Gabriel Boric, actual presidente de Chile (le resta 1 año de mandato), podría ser el Robert Prevost de esta sucesión. ¡La sorpresa! Líder estudiantil en sus inicios políticos y creador del Partido Convergencia Social, Boric es un hábil abogado, que puede sacar fruto para encabezar, defender y proteger las ideas progresistas a nivel mundial. Su juventud juega en contra (o, a favor). Ipso facto.

No hay que dejar de lado al mediático Pablo Iglesias. El exvicepresidente de España también querría tener voz, voto y protagonismo dentro del cónclave del progresismo en Punta Carretas Shopping Center. Como ya lo hizo durante la gestación del movimiento Indignados de M-15, (por el 15 de mayo de 2011)… del que resultó Podemos; a Iglesias no sólo le seduce la participación sino tomar el liderazgo de estas causas. Surge une pregunta, para jugar de local: ¿forzaría un cambio de sede del cónclave de Punta Carretas Shopping Center, de Montevideo, a la taberna Garibaldi, que regenta en Lavapiés, de Madrid? In extremis. Delirium tremens.





¡The Big Pope!

Si tuviera mucho dinero y una productora de televisión, sin dudarlo un segundo, ofrecería al Vaticano, ya mismo, un cheque en blanco, para hacerme a los derechos exclusivos del cónclave que elegirá al próximo papa.

Si tuviera mucho dinero y una productora de televisión, sin dudarlo un segundo, convencería al Vaticano de hacer un reality (no sería difícil, dinero de por medio), cuyo fin sería encontrar sucesor a Francisco, como líder de la iglesia católica mundial.

El programa llevaría por título ‘The Big Pope’, (All Rights Reserved by Juanli) y como en cualquier producto de este género televisivo, los cardenales candidatos serían seguidos por cámaras las 24 horas del día: en sus habitaciones, en la cocina, en el comedor, en el baño, en el confesionario y claro está, en la mismísima Capilla Sixtina, al momento de la votación. Fumata bianca.

Votación, a propósito, de la que participarían los más de mil millones de católicos y televidentes que sigan el programa a nivel mundial. Haciendo cumplir de verdad el precepto de que la Iglesia se abra a sus fieles. Votación por teléfono y RR. SS., previo pago, claro está. El papa a un click. El papa de la gente.

Para hacerlo más interesante y crear contenido, el reality, como cualquier otro, incluiría concurso de talentos. Así el cardenal venido de México lograría interpretar cualquiera de las rancheras de Pedro Infante o José Alfredo Jiménez y/o el representante de Nueva Zelanda podría deleitar a los televidentes con su interpretación de la danza maorí Haka. Como si de un All Blacks se tratase. Vestido como tal, para el Cuatro Naciones de Rugby.

En ese sentido, estaríamos a abiertos a monólogos hamletianos o actuaciones que nos recuerden a Marilyn Monroe, en cualquier de sus películas, o a la mismísima Kelly LeBrock, en la ochentera The Woman in Red.

Remember la mirada de Gene Wilder y el vestido rojo de la chica volando, al pasar por un respiradero de metro, dejando ver las extremidades inferiores de LeBrock y sus bragas rojas de seda. Qué bien se vería, televisivamente, en lugar de Kelly, un cardenal y su sotana al vuelo, mostrando sus piernas consagradas, para llevar el peso de la iglesia sobre ellas.

Ya entrados en gastos, como si fueran camisetas de futbolistas, personalizaríamos mitras, báculos, casullas, mucetas, esclavinas, estolas, y hasta solideos, con los apellidos de los purpurados, como productos para comercializar en las calles.

Lograr que los niños no vistan camisetas de Lamine Yamal ni Mbappe sino casullas de Parolin, sotanas de Tagle y el solideo de Becciu, sería el objetivo.

Y por último, dinero de por medio (otro cheque en blanco), intentaría de convencer a toda la curia, que para mantener en alto la popularidad, habría de realizarse un cónclave cada cuatro años. Sí, como un mundial de fútbol, convirtiendo a la ciudad vaticana en La Meca (¡Upps!) de los fanáticos religiosos católicos ultras y no tanto. Nada de Extra Omnes. Iglesia de puertas abiertas. 24 horas. Bueno, no tanto. Al menos, Seven/Eleven. Todos dentro. Amén.

La pregunta NO es ¿estará Falcao para el Mundial? La pregunta es ¿llegará Colombia a Brasil?

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Falcao en el estadio de Cornellà-El Prat.

Después de asistir al estadio de Cornellà-El Prat, propiedad del RCD Espanyol, para ver el opaco empate a un gol entre Colombia y Túnez, bajé a la zona mixta del campo y vi salir debajo de una gorra de béisbol a Radamel Falcao García. Tenía el pelo recogido, vestía jean y un jersey azul y blanco. Salió de primero. Iba a la cabeza del desfile ante los medios que imploraban una declaración. “Marica, ahí va Falcao, y ya camina”, oí comentar con alegría a dos colegas de la radio, que quizás esa noche terminaron, en la Rambla de Barcelona, celebrando y brindando con absenta lo que habían visto. ¡El milagro! Falcao ya camina.

Claro, como no jugó, como está en proceso de recuperación de la lesión de su rodilla izquierda, el delantero del Mónaco no habló, siguió derecho. Los protagonistas eran otros. Uno a uno, titulares y suplentes se fueron deteniendo ante los micrófonos de los periodistas para dar declaraciones de un partido aburrido, lento y que no mostró en ningún instante esa Colombia punzante y eléctrica que nos vende la prensa desde el otro lado del Atlántico y que la clasificación FIFA señala como la quinta mejor selección de fútbol del mundo.

Uno a uno, James Rodríguez, Jackson Martínez, Abel Aguilar, Faryd Mondragón, Amaranto Perea, entre otros, fueron dando explicaciones de una Colombia irreconocible. Sí, fue un juego amistoso y para eso están ese tipo de partidos. Para detectar falencias y encontrar soluciones, pero haciendo a un lado esta historia, creo que a los jugadores se les está enviando un mensaje que los convierte en el equipo inseguro que vimos esa noche los que soportamos el frío del invierno en las tribunas del estadio espanyolista. Una selección que no apunta a nada. Un equipo preocupado por un futbolista lesionado. ¿Y los demás no juegan?

Y el problema, quizás radica en que Colombia, desde el presidente Santos a las cadenas de oración tienen superlativa preocupación por la puesta a punto de Falcao, de cara al Mundial de junio-julio en Brasil. ¿Llegará? ¿Se recuperará de su rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda? Se cuestionan todos los días. Y hasta rezan por él. La pregunta no es esa. Después de lo visto ante Túnez, la pregunta es: ¿llegará Colombia a Brasil? O ¿sólo será un equipo fantasma pensando en su 9 titular (lesionado)?

Por el bien de la Selección, de su rendimiento en el Mundial de Brasil, Falcao debería hacerse a un lado, recuperarse del todo, sin acelerar procesos. Y dejar que los Adrián Ramos, Teo Gutiérrez, Jackson Martínez, Vítor Ibarbo, Carlos Bacca, Juan Guillermo Cuadrado, James Rodríguez, Fredy Guarín, Pablo Armero, David Ospina, y los demás convocados, sean los protagonistas y encuentren su propio camino en Brasil sin el 9 del Mónaco. Porque ellos también juegan dentro del campo.

Veinte años sin (Alberto Pedro) Vivalda

Vivalda
Desde que Alberto Pedro Vivalda
dejó la portería de Millonarios en 1985, el arco del equipo azul de Bogotá no tiene quien lo defienda. Sí, después del argentino han pasado, entre otros, Higuita, Basigalup, Jiménez, Cousillas, Franco, Córdoba, Irigoyen, Búrguez, Cuadrado, Delgado, Ramos, pero ninguno ha logrado volar tan alto como el arquero nacido en Buenos Aires, el 10 de febrero de 1956.
“El loco”, como le apodaron los periodistas en Colombia durante los tres años que fue titular de Millos (1982-1985), no solo por sus atajadas sino por su forma de vivir bajo los tres palos o sus salidas a mitad del campo, era eso.
Algunos atrevidos cuentan que la excursión de Higuita fuera del área en el partido Colombia-Camerún del Mundial de Italia 1990, que terminó con el gol de Roger Milla, fue un sentido homenaje de René a su mentor y de quién heredó el apelativo también de loco. Higuita era su suplente y alumno más aventajado en aquel Millonarios. Dicen que esa misma jugada la hizo Vivalda en un clásico contra Santa Fe. ¿Fue en 1983? ¿1984? ¿1985? El año poco interesa. Vivalda salió hasta la mitad del campo. Intentó regatear a Odine y Gottardi y perdió la pelota, que terminó de igual manera. Gol. Esa vez no fue de Camerún ni el portero era Higuita. El gol fue de Santa Fe y Vivalda el portero que lo sufrió. Millonarios perdió ese partido 2-3. Pero los aficionados perdonaron a Vivalda, porque resumía en su piel el espíritu de aquel Millonarios de José Omar Pastoriza. Riesgo, alegría, contrataque, velocidad y toque.
Recuerdo que de niño lo tenía en un póster fijado a una de las paredes de la habitación en mi casa de Palmira. En esa imagen, extraviada en el tiempo, viste buzo gris, pantaloneta y medias azules, y botines Puma. Está flanqueado por su defensa de entonces: Germán Gutiérrez de Piñeres y Miguel Augusto Prince, a su derecha; y José Daniel Van Tuyne y Hernando ‘El Mico’ García, a su izquierda. Sus ojos azules miran a un lado, evitando ser confrontado por el lente de la cámara. Dicen quienes lo tuvieron cerca que era tímido y callado. Quizás en el instante de esa foto se acordaba de una atajada-contrataque que le vi hacer en el estadio Pascual Guerrero de Cali. Esa tarde América recibía la visita de Millonarios. No tengo datos del marcador, pero en mi memoría quedó grabada la jugada. Tiro de esquina a favor del América. Juan Manual Bataglia chuta la pelota que se eleva buscando en el área la cabeza de Juan Martín Penagos. Pero en la trayectoria se cruzan las manos del portero que, impulsando su cuerpo, volaba como un pájaro, agarró y sostuvo el balón. Como un sostenido del baloncesto pero en horizontal. Y así como un pájaro, aún sin tocar tierra, sacó la pelota hasta la mitad del campo para sorprender a todos los contrarios e iniciar el contragolpe azul con su socio en la delantera, Alejandro Barberón. No sé cómo terminó esa acción. No me interesa ahora. El ¡uyyyyy! y el aplauso de todo el público en el estadio, que no era el suyo, me aturdió. Con esa jugada había tenido para saber qué era el fútbol para Vivalda. Sorpresa. Así se mató hace 20 años, el 4 de febrero de 1994, cuando se lanzó a un tren en la estación de Vicente López, Buenos Aires (Argentina).

Sostiene Pereiro (que así fue cómo vendió una etapa del Tour)

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Hincapié y Pereiro, etapa 15 del Tour de Francia de 2005.

(Con perdón de Antonio Tabucchi).

Sostiene Pereiro que fue un día de verano. Cuando se corría la etapa número 15 del Tour de Francia de 2005. Una magnífica tarde de calor, sol, bicicletas y mucha gente a lado y lado de las carreteras en los Pirineos. Parece que iba en la fuga buena de la etapa, que llevaba al pelotón de Lézat sur Lèze a Saint Lary Soulan, en la carrera francesa. Era el trayecto final de los 206 kilómetros de la jornada y Pereiro pedaleaba sobre su bicicleta BMC, vestido con los colores verde, blanco y amarillo de su equipo de entonces, el Phonak suizo. El viento soplaba y su maillot, que estaba totalmente abierto, lo dejaba ver como una mariposa que volaba sobre su bici. Lo llevaba así para contrarrestar mejor los casi treinta cinco grados de temperatura que marcaba el termómetro aquel día. Detrás, sólo separado por el tubular de la rueda trasera de Óscar Pereiro, un tal George Hincapié movía sus piernas largas para empujar los pedales y llevar su bicicleta Trek a la misma velocidad que la máquina del ciclista gallego.
Sostiene Pereiro que hubo un momento en que, a falta de un par de kilómetros para arribar a meta, el ciclista del Discovery Channel, primer gregario de Lance Armstrong durante ese y otros Tours, se animó a decirle algo en español. Idioma que Hincapié, a pesar de haber nacido en Estados Unidos, manejaba bien por sus padres colombianos. Sostiene Pereiro que Hincapié le habló de una suma de dinero. Pero explica que no entendió bien si era el precio que exigía el americano para dejarle cruzar a él primero la raya de meta o que la cifra hacía referencia a lo que Hincapié iba a pagar al ciclista gallego por dejarse ganar la etapa.
Sostiene Pereiro que no escuchó o no entendió bien lo que mencionó el ciclista del Discovery Channel, quizás por el bullicio y los gritos de los aficionados en las cunetas. Fue entonces cuando se preparó para disputar el sprint, convencido de que era él y no Hincapié quien iba a cruzar como primero la línea de llegada. Como ironía, huelga decir que Phonak, la marca que patrocinaba a Pereiro, vendía o vende sistemas para mejorar la audición en las personas. Ni siquiera la oreja gigante estampada en su maillot le sirvió para oír mejor.
Sostiene Pereiro que se sorprendió cuando, antes de que él cerrara su maillot para las fotos, vio que Hincapié se paró en los pedales para tomar más velocidad, salió por su derecha y lo paso para ser el primero en el podio. Hincapié ganó la etapa con un tiempo de 6 horas, 6 minutos y 38 segundos. Sostiene Óscar Pereiro que, pasada la meta, reclamó a Hincapié, pero éste le contestó que así lo habían arreglado y que le pagaría lo acordado. Con el desparpajo que lo caracteriza, el gallego contó al aire esta anécdota a sus compañeros de la Cope. La emisora para la cual trabaja como comentarista en el programa Tiempo de Juego. Y hasta se atrevió a decir que al día siguiente fue el hazmerreír y centro de burlas de todo el pelotón. Armstrong incluido. Éste se le acercó y dijo: “Fucking Pereiro, you idiot. Ha!”.
Sostiene Pereiro que cobró el dinero por la etapa que vendió, sin querer queriendo, a Hincapié. Sostiene que el enfado, por la que había liado el día anterior, lo hizo atacar, ser parte de la fuga -otra vez buena, junto al australiano Evans, el italiano Mazzoleni y el español Zandio- y disputar el final de la etapa en Pau. Era la número 16 de Tour 2005. Después de 180,5 kilómetros, Pereiro esta vez sí ganó en el sprint final. El derrotado fue Xabier Zandio, de Illes Balears. ¿Sostiene Pereiro que así fue, es y será siempre el ciclismo?

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Óscar Pereiro celebra la etapa que ganó en el TdF 2005.

¿@brazuca?

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La primera vez
que oí la palabra brazuca se la escuché decir a un amigo argentino en un partido de fútbol. Me sonó peyorativo. Fue en tono de insulto. Hace un par de años disputábamos un partido con mi equipo de entonces, Rosario Central de Catalunya, en el campeonato catalán de la Tercera Territorial. Mi compañero llegó a pelear un balón en una jugada dividida. Y el contrario, un jugador brasileño, entró con la pierna en alto, muy fuerte. ¡Falta! “Brazuca de mierda”, le soltó el argentino. Y brazuca quedó grabado en mi cabeza al lado de sudaca, el insulto preferido de los nacidos acá (Europa) para los nacidos allá (Sudamérica).
Y justo esa palabra, brazuca, fue la escogida para darle nombre al balón que ha sido presentado por Adidas como la pelota oficial del Mundial de Fútbol 2014 de Brasil. No lo entiendo. A mí me sigue sonando a insulto. Sin embargo, no piensan así quienes la escogieron y dicen que es un “gentilicio informal”. De acuerdo con una encuesta realizada por Adidas en Brasil, de 1.119.539 de personas que votaron en Internet, el 77.8% lo hicieron por Brazuca; el 14.6%, por Bossa Nova; y el 7,6%, por Carnavalesca. ¡Qué bonito hubiera sido hablar de Bossa Nova como pelota! Muy musical. Muy brasileña. En fin, en Río de Janeiro fue presentado, en el caso de llamarle balón, o presentada, si le decimos pelota, Brazuca. Entre las luces de la fiesta por su estreno oficial, la imagen que me queda es que a primera vista el balón podría ser fácilmente confundido con un globo de feria. De esos que se les escapan de las manos a los niños mientras prefieren asegurar la manzana caramelizada. (Ojo, con esto último no estoy hablando de cómo le ira a Messi en el Mundial). En fin, que fue presentado Brazuca y en una de las paredes del evento, se veía proyectado el @brazuca. Curioso entre a Twitter y vi que la cuenta que se identifica así: “I’m @brazuca. The official match ball of the 2014 FIFA #WorldCup. I tweet in English & Portuguese. Love me or lose me! Oh, and follow me. #ballin”; ya tiene más de 78.000 seguidores. Y, a su vez, sigue a 27 cuentas o perfiles. Por un momento pensé que entre los seguidos por @brazuca estarían el Jabulani de Sudáfrica 2010; TeamGeist de Alemania 2006, el Tango de Argentina 1978; el viejo Crack de Chile 1962, el Etrusco de Italia 1990, el Telstar de México 1970, y hasta el @Wilson de El Náufrago; pero no, @brazuca se olvida de sus raíces y sabe con quién juntarse. Entre sus seguidos están @SeppBlatter o @FIFAcom. Con esto queda claro aquella máxima que oí en un bar de Can Baró: “Tanto a la pelota como a los jugadores sólo se les sigue sobre el campo de fútbol, lo demás son insultos”.

La bici de Nairo Quintana, líder del Giro de Italia

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Desde que el equipo ciclista profesional Reynolds debutara en 1980, entonces manejado por José Miguel Echávarri, una gran marca de bicicletas ha estado a su lado como co-sponsor. Primero fue la italiano-mexicana Benotto y luego, a partir de 1983, la legendaria Pinarello.
Treinta años han transcurrido desde entonces. El equipo profesional con sus diferentes denominaciones: Reynolds, Banesto, IBanesto.com, Illes Balears, Caisse d’Epargne y Movistar consiguió sus siete victorias del Tour de Francia, cinco de Miguel Induraín, una de Pedro Delgado y otra de Oscar Pereiro, sobre bicicletas de gama alta, construidas a mano en Italia, con la pe de Pinarello, como estandarte.
Sin embargo, al cierre 2013, luego de correr las últimas temporadas con el modelo Dogma de la fábrica italiana fundada en 1952, el Movistar Team, equipo del colombiano Nairo Quintana, bajo la dirección de Eusebio Unzué, hizo público que daba por finalizada su alianza con esta firma, para comenzar otra etapa, a partir del 2014, con la Canyon.
Esta fábrica tiene su sede en Koblenz (Alemania), desde su fundación en 2002. Con once años es la bicicleta más joven de las diez y nueve marcas que participaron en el pasado Tour de Francia. Sin embargo, tiene una tradición que comienza con los hermanos Arnold, Roman y Arnold, en 1983, al crear Radsport Arnold, una tienda de partes y material para bicis, que luego se transformaría en la bici que conocemos hoy y que tiene como gran estandarte al ciclista catalán Joaquín ‘Purito’ Rodríguez, del Katusha.
El primer equipo que la compañía equipó en el pelotón ciclista fue el Unibet.com. Por ahora, su máximo héroe es Cadel Evans, que logró la camiseta arco íris como campeón mundial de ruta profesional en 2007. Aquel año, Evans corría para el Silence-Lotto en una Canyon. Ese modelo, pero mejorado, es la bicicleta sobre la que corre Nairo Quintana esta temporada. Quizás, sobre ella, sea el primer colombiano en ganar el Giro de Italia o el Tour de Francia. Todo un hito para el ciclismo de ese país.
Pd. ¡Ah! Si quiere comprarla, solo vale 8.500 euros.