Los Silicones están de camino…

Los Silicones están en el camino. He escuchado Louder, el más reciente sencillo de la banda Silicon Dwellers y puedo decir que es un digno trabajo de carpintería. ¡Hay madera! De hecho, al escribir esta reseña, en el ordenador, de fondo, suena -una vez más-, la intro de la batería que abre camino al diálogo y contraste entre la guitarra y el bajo, que dan paso a la voz. Una voz lenta y arrastrada, a veces agónica, muy acorde para el tema. Una voz que se mece, como un niño en un columpio, empujada por los instrumentos que la potencian, sin dejarla caer. «Fuerte. Más fuerte», parece decir el niño a la manos que lo mecen y lo llevan a moverse. Fuerte. Más fuerte. Alto. Más alto. Decir que «es un digno trabajo de carpintería» puede sonar a tópico, pero en este caso, no. Es latente. Ahí esta la canción como prueba. Hay madera. Y lo digo y escribo no tanto porque el tema esté bien definido, contrastado y apuntillado, sino también porque al escucharlo me llevó a recordar a Harrison Ford, en su tiempo, antes de ser Han Solo o Indiana Jones. Louder es Harrison Ford. El carpintero antes de ser actor. El hombre que transformaba la madera en habitaciones, casas o estudios de música, como el que le hizo al cantante brasileño Sergio Mendes y que fue «el principio de una bonita amistad». Louder es el Harrison Ford que, mientras audicionaba en Los Ángeles, para abrirse camino como actor, se alimentaba y vivía como carpintero. Louder no es Han Solo. Es una canción que no viene de una galaxia muy lejana, nace y crece aquí, muy cerca, en un estudio de Gràcia (Barcelona). Es un tema, que bien podría descubrir, como un tesoro, dentro de una tumba del Antiguo Egipto, un arqueólogo como Indiana Jones. Sólo hay que escucharlo para creerlo. Fuerte. Más fuerte. Alto. Más alto. Los Silicones están en el camino.

Silicon Dwellers son: JotaPé (guitarra), Rosie (bajo), Luis (batería) y Jose (voz). / Foto: Rosie.

Poesía desde la entropía

Principio de entropía, Eolas Editorial, 2025.


«Cada poeta es original a su manera», dice el escritor español Andrés Trapiello. Y con su más reciente libro, Sergi de Diego Mas (Barcelona, 1975), da prueba de ello. Publicado por Eolas (editorial asturiana), Principio de entropía es un mar de 143 páginas, en el que el autor bucea, pesca, nada, medita, surfea, naufraga, hace apnea y hasta camina, sin problema alguno, sobre el agua que forman las palabras. Confirmando lo dicho por Trapiello, como poeta, aplicado a Sergi, de Diego Mas es singular. Único. Atrayente.

Sobre el trabajo, no sólo en este libro sino también acerca de la forma para enfrentar sus proyectos, en un intercambio de WhatsApp, que tuvo de Diego Mas con mi hijo, Joaquim, que leyó Principio de entropía y asistió también a la presentación, el autor respondió a la pregunta de cómo se inspira y crea su mundo poético.

«Es un tema de mirada, de estar atento, con curiosidad e interés, de estar atento a lo que nos rodea. Y cuando digo mirada, no solo digo mirar de ver sino también de pensar. Escuchar lo sonidos, las palabras. Acercarse a las cosas, para verlas más de cerca y, a la vez, verlas más de lejos. Y luego, intentar establecer conexiones, como diálogos entre esas cosas», explicó de Diego Mas.

El poeta también agregó: «ya de pequeñito hacía eso. A veces lo escribía en cuentos, me inventaba aventuras con muñecos. Al final es un poco darle rienda suelta a la imaginación. No tener miedo de ampliar el campo de mirada. La perspectiva. Al contrario, tener ganas de escuchar cosas diferentes, cosas que no has escuchado nunca. Tener ganas de leer, de ver cosas que generan un estímulo diferente. Buscar la diferencia».

Así es de Diego Mas. Diferente. Como lo demostró (también), en la conversación que tuvo, durante la presentación del libro, en la ya mítica librería Nollegiu, de la calle Pons i Subirà, número 3, de Barcelona, con el también escritor, crítico literario, profesor y gestor cultural, Jordi Carrión, que dio en la diana al compartir con el público su lectura del libro.

«Es un artefacto en el que encontramos los elementos de un buen libro de poesía: personajes, espacio, tiempo, estructura. Principio de entropía es un libro coherente con la obra de Sergi, con su poesía, su mundo. Es igual que sus dos libros precedentes (E-Mails para Roland Emmerich [Traficantes, 2012]; Cinemascope, [Trea, 2018]), que mezclan los lenguajes que interesan al autor. Un autor de un mundo muy orgánico», puntualizó Carrión.

«Y si la poesía fuera simplemente una forma de escuchar lo que aún no sabemos decir», se cuestiona la también poeta y escritora Ana Gorría, que después de leer Principio de entropía: concluye rotundamente: «es una obra que no responde: pregunta».

P.S. Dice Joaquim que Sergi espera con mucha ilusión que alguien más lea en voz alta el poema de la página 105. (Joaquim ya lo hizo)… escuchamos propuestas. Endavant!

Sergio de Diego Mas y Jordi Carrión, en la librería Nollegiu, de Barcelona, durante la presentación de ‘Principio de entropía’, de Eolas Editorial. Foto / Desde la Multitud / Joaquim Cabrera Rosales Climent.

‘Black Metal’: «Perdonen tanta tinta»

Imagen tomada de libro Black Metal, de Magius, editado por Autsaider Cómics.
Viñeta-ilustración de Diego Corbalán, Magius, tomada de su libro Black Metal, editado por Autsaider Cómics. Libro que se consigue por 25 euros y que ya va por su 2a. edición.


Primero fue un libro. Bajo el nombre de Lords of Chaos, escrito por Michael Monyhan y Didrik Soderlin, publicado en 1998. Texto que para unos es el culmen y para otros críticos no pasa de ser sensacionalista y ambiguo. Ya que explota más la parte de crónica roja que el quid del relato y los hechos culturales que gestaron la misma historia.

Luego, se hizo la película, en 2018, con el mismo nombre del libro, bajo la dirección del sueco Jonas Akerlund, exbaterista de Bathory, creador de vídeos de, entre otros, Metallica, Madonna, Coldplay, Rammstein. Proyecto que no gustó a los protagonistas reales, que aún sobreviven, tanto que, cuando les fue solicitada su música para la película, se negaron rotundamente. Dijeron: «¡No! Aunque tenga la firma de Akerlund, sólo quieren un show tipo Hollywood».

Siete años después del filme, en este 2025, otro creador se ha acercado a la misma historia, con su propio estilo y mucho background fanzinero, para mostrarla desde otra perspectiva, con bastantes dotes de humor negro. Se trata de Diego Corbalán, ilustrador español (Murcia, 1981), que en un cómic de 220 páginas, en blanco y negro, donde predomina más este último color, le da un vuelco de tuerca a la historia y presenta un verdadero álbum negro de los hechos. Brutal.

¿De qué hablo? Nada más y nada menos que del nacimiento del black metal en la Noruega y Suecia de comienzo de los años 90. ¿Movimiento? ¿Escena? ¿Subcultura? ¿Subgénero? ¿Secta? ¿Fenómeno social? Llámale como quieras. Lo único cierto es que como derivación o ramificación del heavy, el black metal nació entre la juventud de los países escandinavos, para contrarrestar el blanco eterno de la nieve y la placidez de una sociedad en la que nunca pasaba nada. Había que entretenerse. Buscar otros caminos. Otras sendas. Escudriñar y perderse por los densos bosques nórdicos.

Así surgen, se encuentran y crecen, al ritmo de gritos guturales, bajos y guitarras distorsionadas y baterías potentes, Oystein Aarseth, fundador de la banda Mayhem; Varg Vikernes, de Burzum; Ted Skjellum, de Darkthrone; Vegard Sverre, de Emperor. (Súmale un largo etcétera). Cada uno con su propio alias, para hacerse reconocer por propios y ajenos: Aarseth es Euronymous; Vikernes, Conde Grishnackh; Skjellum, Nocturno; Sverre, Ihsanh.

Todos integrantes, sin saber (o sabiéndolo), del Inner Circle, como los llamaban o se hacían llamar (siempre lo negaron). Una caterva o grupo de bandas escandinavas con canciones oscuras, letras desgarradoras, simpatías satánicas, que se disputaban el trono del caos y hacían de la blasfemia su bandera. Una «congregación» que, como parte de esa disputa por el liderazgo, estuvo ligada a la quema de iglesias, profanación de cementerios, asesinatos y suicidio incluido, durante los nacientes años 90, en Noruega. Ingredientes esenciales para lo que denominan True Crime.

De todo ello se vale Diego Corbalán que, con su seudónimo Magius (como buen blackmetalero también tiene alias), firma una obra magistral. En el libro de la editorial Autsaider Cómics, el autor se toma alguna que otra licencia. Una de ellas: mostrar a los protagonistas no como jóvenes de entre 18 y 20 años que fueron sino como niños de 10 y 11 que, jugando, crearon el ¿Movimiento? ¿Escena? ¿Subcultura? ¿Subgénero? ¿Secta? ¿Fenómeno social?, lo que lleva a otra dimensión la historia.

Leer los textos y ver las ilustraciones de Magius es como asistir a un concierto del Mayhem más puro. Espectáculo, en los que además de la música, empalaban cabezas de cerdos y su vocalista, Per Yngve Ohlin, se autolesionaba en publico. No apto para menores. Sobre el mismo voz líder, al que apodaban Dead (No más preguntas, señor juez), hay que recordar que después de suicidarse, dejó una nota en la que se leía «perdonen tanta sangre». Krastad, Noruega. 1991.

Brutal, escribí párrafos antes sobre Black Metal, de Magius. Y no exagero. Según la RAE, la palabra devino del latín brutalis y en su primera acepción la define como «propio de los animales por su violencia o irracionalidad». Black Metal Pure. Aunque me declino por la segunda acepción, cuando me refiero al cómic: «Adjetivo también para calificar una obra inconmensurable»…. como la de Magius. «Perdonen tanta tinta».

Portada del libro 'Black Metal', de Magius, publicado por Autsaider Cómics.
Descubrí el libro por casualidad. Estaba en la estantería de las novedades, en la biblioteca Mercè Rodoreda, del barrio Can Baró, en Barcelona. Un libro oscuro, literal y metafóricamente, con mucho humor negro, que te sumerge en los abisales del black metal. Está codificado en esa biblioteca: 11000014658277.

¿Qué cuentan las crónicas?

‘Cuentan las crónicas’ fue comprado en la cooperativa cultural Rocaguinarda, del carrer Xiprer, 13, CP 08041, en el barrio Guinardó, Barcelona. Foto / Desde la Multitud / Wolframio Caballero.

En noviembre de 2011, para la revista Gaceta, de Colombia, entrevisté a Martín Caparrós. El escritor argentino recién había ganado el premio Herralde de novela, por su novela ‘Los Living’.

Durante la conversación, en la terraza del hotel Condes, en Barcelona, además del premio y otros temas, también abordamos, ¿cómo no?, el tema del fútbol y la literatura.

Citando a Juan Villoro, le pregunté si concordaba con el mexicano, su amigo y colega, en la idea que éste sostiene, que es muy difícil hacer del fútbol, literatura, «porque en sí, ya está contenida esa idea de épica dentro del mismo juego…».

Caparrós contestó afirmativamente. «Sí, yo suelo decir que el fútbol es un relato tan bien armado, que es difícil hacer de eso un relato por otros medios. Es un relato hecho de eso, de corridas, de pelotazos y de una épica propia que, después para trasladarla a otra, como es la estructura narrativa de un texto, tiene sus problemas. Pero, sin embargo, hay maneras de intentarlo».

«Hay maneras de intentarlo», dijo el autor de, entre otras muchas obras, ‘Namérica’,’El Hambre’ y ‘Boquita’. Traigo a colación el recuerdo de esa conversación y la respuesta de Caparrós: «Hay maneras de intentarlo»; porque eso es lo que hace precisamente Javier López Menacho, con su más reciente libro: ‘Cuentan las crónicas’, de Rasmia Ediciones.

López Menacho lo intenta y salé bien librado en este partido de fútbol convertido en novela. ‘Cuentan las crónicas’ es una historia coral, como el fútbol, donde prevalece la función del equipo y no la brillantez individual. Es una narración en la que confluyen otras digresiones, que alimentan la trama y desarrollan con fluidez el hilo narrativo. Gol.

‘Cuentan las crónicas’ es fútbol sin gluten. Balompié real. Sin VAR. Ese de campos de Tercera, o Cuarta división, en las que sobreviven futbolistas de barrio, cuya nómina no alcanza a llegar a fin de mes. ¿Les suena de algo? Futbolistas de a pie que, agobiados por la precariedad, intentan otras maneras de salir adelante en la vida. A veces… transitando caminos por los que no se debe andar. Fuera de lugar.

‘Cuentan la crónicas’ también es el homenaje de un autor nacido en Jerez de la Frontera a un escritor universal, como Gabriel García Márquez, y su ‘Crónica de una muerte anunciada’. Obra de la que López Menacho se nutre para darle forma a esta manera de intentar hacer de fútbol, literatura. «Jugada de laboratorio, a dos toques», diría un narrador de fútbol en radio. Tiro Libre.

Y es que siempre hay maneras de intentarlo... ¿o no, Martín? ¿O no, Javier? No sólo hacer del fútbol, literatura, sino todo en la vida. Y eso es lo importante: el valor de intentarlo. Y López Menacho no sólo lo intenta, sino que sale avante y gana por goleada. Pitazo final.

La literatura de Javier López Menacho tiene aroma de reivindicación social. ‘Cuentas las crónicas’ fue terminado (libro), terminada (novela), de leer en el café Spigolo, de la Piazza Giovanni Cagliero, 4, 00181 Roma, Italia. De ahí la maglia azzurra que viste el lector. Foto / Desde la Multitud / Andrea Rosales.

Jorge Carrión: el coleccionista de Librerías

Como finalista del Premio Anagrama de Ensayo 2013, el escritor español Jorge Carrión rinde un sentido homenaje a las librerías. En el libro, el autor -viajero consumado- recorre los cinco continentes para reflexionar sobre la vida de las tiendas de libros. Mientras en París o Nueva York algunas han pasado de ser centros culturales a íconos turísticos, en otras ciudades del mundo muchas cierran sin más remedio que el olvido. Entrevista.

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Publicado en revista Gaceta de El País, 8 de diciembre de 2013

 

La huella de Bolaño

Visitar la exposición Archivo Bolaño: 1977-2003, que está abierta hasta el 30 de junio en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), y que luego irá a Nueva York y Madrid, es como entrar en un túnel que conduce a la mente del escritor chileno, reconocido por novelas como Los detectives salvajes y 2666. Al cumplirse diez años de su muerte, la muestra le rinde un justo homenaje y subraya lo que el autor pregonaba en vida: “El único deber de un escritor es escribir bien”.

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Publicado en Gaceta – El País

 

El invierno de Paul Auster

Foto de Carles Mercader

A primera vista Paul Benjamín Auster da la impresión de ser un dibujo de Matt Groening. Ojos saltones, dos entradas sobre la cabeza que dejan ver más de su amplia frente, pelo hacia atrás, cejas arqueadas, nariz prominente, boca lineal y mentón con algo de sombra de barba lo hacen ver como si fuera otro habitante más del Springfield de Los Simpson.

El cuerpo alto, que muestra una incipiente barriga, más del trazo de Groening, viste hoy un pantalón negro, chaqueta y camisa del mismo color. Como accesorio, una bufanda vino tinto contrasta el tono oscuro de sus ropas. La tela cuelga de su cuello y protege del frío y del viento al escritor estadounidense (New Jersey, 1947), mientras los fotógrafos lo siguen con sus cámaras por el patio del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona  (CCCB) hasta subir al mirador del edificio, en el quinto piso, desde donde se ven los tejados del antiguo barrio chino de la ciudad y el revoloteo de las palomas que pareciera que apuntan al cagar.

Con más de 30 obras publicadas, una variopinta suma de novelas, ensayos, poesía, cuentos y relatos, el ganador de, entre otros premios, el Príncipe de Asturias de las Letras 2006, y cientos de miles de libros vendidos en todo el mundo, es recibido y tratado como una estrella del rock. Hasta las gafas oscuras de piloto, que ocultan su mirada, lo hacen ver de esa forma. “Disculpen que no se las quite, su religión y la resaca así se lo impiden”, acota medio en serio-medio en broma su editor, Jorge Herralde.

Y pensándolo bien, Auster bien podría considerársele como un viejo roquero. No de guitarras o bajos, pero sí de teclear máquinas de escribir –no tiene computador–, que comenzó en el oficio cuando tenía 12 años. No es un rockstar de los que descabeza murciélagos con su boca, pero sí un escritor que hace lo mismo pero con la vida, a través de las obras que crea en sus historias. No es un músico, pero sí compone partituras mediante su literatura que se leen como novelas, relatos, guiones de películas, cuentos y hasta poesía. Aunque ésta últimamente la limite sólo para su familia y ocasiones que comparta con ellos en su vivienda del barrio Park Slope en New Jersey.

En una sola palabra, Auster es un artista en todo el sentido de la misma. Nadie mejor que él para definirlo. “Personas como yo, vivimos atormentados por lo que vemos y cómo no lo entendemos, ahí es cuando surge la enfermedad. Y la única manera de afrontar esa enfermedad es desahogándonos en el alguna forma de arte. Pero hay que tener claro que la escritura no sirve para curar heridas, acaso para tratar de comprenderlas”. Y eso precisamente es lo que trata de hacer en su más reciente libro, Diario de invierno.

Es de mañana en la capital de Cataluña. En el barrio el Raval las sombras se inclinan sobre sus dueños, gracias a un tibio sol. El frío gélido de hace unos días, que puso los termómetros debajo del cero y que nos hizo tiritar en la calle, como si estuviéramos confinado por Stalin en Siberia, se ha ido, pero a la ciudad ha llegado Auster para recordarnos que todavía es invierno afuera de nuestras casas. Para decirnos que aún hace frío afuera de nuestras vidas. Sí, porque adentro nuestro está el calor con lo que vivimos y creemos es lo correcto, pero afuera es invierno. Hace frío.

(Para seguir leyendo haz clic aquí, en Gaceta (El País, 11 de marzo, 2012)

Martín Caparrós: «Escribo porque es mi forma de estar en el mundo»

Desde la terraza del Hotel Condes de Barcelona, en el cruce del Paseo de Gracia con la calle Mallorca, se contempla un paisaje sin igual de la época modernista de esta ciudad. En primer plano la fachada de La Pedrera y, al fondo, La Sagrada Familia. Los dos edificios, ideados y construidos por Gaudí, también estaban aquí, cuando en 1980, Martín Caparrós llegó a Barcelona para probar suerte.

“En esta ciudad me fue mal y me fui sin saber adonde. Entonces estaba exiliado en España y unos amigos me prestaron una casa en Valsaín, un pueblo de Segovia, y ahí comencé a escribir mi primera novela”, recuerda el escritor argentino que, por su reciente obra Los Living, sucede al colombiano Antonio Ungar como ganador del XXIX Premio Herralde de Novela.

Caparrós, con su mostacho imperial, camisa, chaqueta y pantalón negro, está feliz. El cronista no niega esa alegría pues desde ahora forma parte del “Herralde Dream Team”. “¿Cómo decirlo? Uno se hace el tonto porque en un momento como este hay que ser caballero y mostrar cierta displicencia, pero a mí me importa mucho ganar este premio, que está más lejos del dinero y más cerca de las palabras. Me honra hacer parte de la lista de ganadores y la felicidad es completa, porque, mirá vos, fue en la edición 29, que es mi número de la suerte -nació un 29 de mayo de 1957-“.

Es casi medio día en Barcelona, ciudad a la que Caparrós ha regresado muchas veces, debido a sus numerosos viajes e incontables crónicas por el mundo. Bajo un tibio sol otoñal -la lluvia ha dado tregua-, en lo más alto de este hotel, que ocupa dos palacetes del siglo XIX, el autor termina una tapa de langostinos envueltos en hilo de papa con salsa tártara. Me da su mano de dedos flacos y largos. Nos sentamos a la sombra y comenzamos a hablar. Del premio, de la escritura, de la crónica y, por supuesto, de fútbol, con el hincha de Boca Juniors que lleva dentro.

Para un escritor y reconocido seguidor de Boca Juniors, ¿qué se celebra más, un campeonato de Boca o el Premio Herralde de Novela que acaba de ganar?
Sería muy populista decir que un título de Boca. Sin embargo, mirá vos, esto me da un placer mucho más personal y mucho más sostenido. Dentro de años seguiré recordado y será de algún modo constitutivo. Lo pensaba hace un ratito, hay amigos muy queridos que se ganaron este premio, Juan Villoro, Alan Pauls, y en varias situaciones, en las que hemos coincidido, dicen: “Fulano de tal, ganador del Premio Herralde”, eso es algo que va a seguir sucediendo durante años, es para toda la vida. Y eso tiene su fuerza. Lo que tiene en cambio, en contra, es que no hay un momento, como cuando, no sé, Palermo le hizo el tercer gol a River, el 24 de mayo del año 2000, en que sucede y ¡pum!

¿El éxtasis del hincha con el gol es más efímero que un premio literario?
¡Claro! El gol o el final de un partido importante es un momento extraordinario. En cambio, esto del Premio es como más lento. Te dicen: “Estás finalista”, “puede ser”, “bueno, deberías pensar en la posibilidad de ir”, pero no tienes ese momento del gol.

¿Dónde estaba? ¿Quién se lo comunicó? ¿En qué momento?
Lo que pasa es que es muy raro porque nunca me dijeron que me habían dado el premio. Siguen sin decírmelo (ríe). No, porque tienen su sistema rarísimo, de verdad, me habían dicho que tenía muchas chances y bueno, este, como estaba la posibilidad, me dijeron que si podía venir a Barcelona, para estar hoy aquí. Me mandaron un pasaje para que viniera, pero no me dijeron que lo había ganado. Y siguieron sin decírmelo, yo llegué el sábado y no me dijeron nada. Ni vi a la gente de Anagrama hasta hace una hora. En ningún momento me dijeron: “ya te ganaste el Premio, hasta que nos sentamos frente a la prensa y lo hicieron público”. Es más, cuando llegué y vi a Herralde, él me dijo: “Todavía estamos esperando el llamado de un jurado a ver si te lo ganaste o no”. (risas). Fue como una situación extraña, porque estaba casi seguro de que lo había ganado, porque sino ¿para qué me iban a invitar a todo esto? Pero podía que ser fuera un finalista y que hubiera otro…

¡Claro! que lo hubieran invitado a Barcelona para definir por penales…
Sí. (ríe).

Retrocediendo en su carrera, recuerda el momento en que escribió su primera novela y además de escribirla, publicarla, ¿cómo vivió ese instante?
Bueno, fueron dos novelas distintas. La primera que escribí no fue la primera que publiqué. Lo recuerdo mucho, la primera la escribí aquí en España, pero la terminé dos años después. Estaba exiliado aquí y no tenía contactos ni manera de hacerla publicar. Tenía 23 ó 24 años. Cuando volví a Buenos Aires, ya tenía otra, que también escribí aquí y conseguí un editor para esa.

¿En qué año regresó a Buenos Aires?
Volví en el… 83. Esa otra novela se llamaba Ansay o los infortunios de la gloria y esa fue la primera que publiqué, aunque fue la segunda que escribí. Y, claro, me acuerdo del día en que salió. Fui a la imprenta para ver los primeros ejemplares… para mi fue especial. Después la reeditó Seix Barral.

¿Por qué escribir? ¿Para qué escribir?
Escribo porque es mi forma de estar en el mundo. Hay gente que cuando se le ocurre algo, se le ocurre como un color o una forma, como una melodía, a esos los envidio muchísimo, a mí se me ocurren las cosas como frases y pienso el mundo en términos de frases. Entonces, lo único que sé hacer es poner frases. Una al lado de la otra. Me da mucho gusto hacerlo, me importa hacerlo y quiero seguir intentándolo, pero no para nada, sino porque es lo que hago. Ojalá sirviera para algo, pero no es eso lo que hace que lo haga. Lo hago porque me siento de mucho mejor humor, a las seis de la tarde, si durante el día escribí un par de páginas.

¿Alguien me dijo que esto de ser escritor era como ser Robín Hood… porque se trata de “robarle historias, quitárselas, a los ricos en ellas y entregárselas a los pobres… de historias. ¿Qué opina de esta metáfora?
Es simpática, pero no sé si estaría muy de acuerdo porque se me ocurren demasiadas objeciones para decir una por una. Pero, para empezar, uno saca historias de todos lados pero no necesariamente allí, en donde hay riquezas, uno es un depredador mucho menos discriminado, depreda por todos lados, empezando por uno mismo y aquellos que reciben eso, no necesariamente son los pobres en historias, sino cualquiera. No, no lo puedo pensar desde la distribución del relato. Me gustaría, pero no…

Además de la novela, usted es un maestro de la crónica, ¿el género de la crónica tiene el poder de engendrar varias novelas?
No, a mí no me pasa. A mí lo que sí me pasa es que hay cosas que se me ocurren para ficción y otras que se me ocurren para no ficción. Pero no es que, cuando voy a escribir una crónica, de pronto digo: “ah es que, con esto, en realidad podría hacer una novela”. Nunca me pasó. O que voy, como algunos dicen, compilando, este, historias o personajes que después pueda usar en las novelas. No, no me sucede. Sí me sucede que cuando se me ocurre un tema o una cuestión ya viene con la información de sí va a ser ficción o no ficción. No es que se me ocurra un tema y después diga “¿Qué hago con esto? Cuando se me ocurre ya es parte de una novela o de una crónica.

¿Más o menos, ya está preconcebido?
Sí, ya viene con todo el aparato, no incorporado, sino que forma parte de la idea el hecho de que sea una novela o una crónica.

Usted también es un apasionado por el fútbol… literatura y fútbol es un tema recurrente en su carrera. Y creo que concuerda con el escritor mexicano Juan Villoro en la idea de que es muy difícil hacer del fútbol, literatura, porque en sí, ya está contenida esa idea de épica dentro del mismo juego…
Sí, yo suelo decir que el fútbol es un relato tan bien armado que es difícil hacer de eso un relato por otros medios. Es un relato hecho de eso, de corridas, de pelotazos y de una épica propia que, después para trasladarla a otra, como es la estructura narrativa de un texto, tiene sus problemas. Pero, sin embargo, hay maneras de intentarlo. Ahora, ya que hablabas de Villoro, vamos a publicar el año que viene, una correspondencia (electrónica) que tuvimos durante el Mundial de Sudáfrica. Saldrá a mediados del 2012 y me da mucho gusto, porque hablar de fútbol es una excusa para hablar de todo. Y en esas cartas lo hacemos un poco.

¿Con qué editorial?
(Ríe) Ya te contaré. Hoy es un día Anagrama.

Ya para terminar… si pudiéramos hablar del Boca actual, ¿qué le pasa por la cabeza?
Bueno, siempre fue el equipo más popular de la argentina. Sabés que es muy curioso que en la historia del fútbol siempre hubo en las ciudades importantes el equipo popular y el equipo, por decirlo de una manera, más elegante. De una época, además, en la que había una, como decía entonces, una cultura baja y una alta, una cultura proletaria y una burguesa, porque estos equipos se consolidaron en los años 10 y 20 del siglo pasado, según la época en que la dicotomía entre esas dos formas culturales era muy visible y eso sucede en todos lados: aquí con el Barcelona y el Español, más o menos; en Madrid con el Real Madrid y el Atlético, sin ninguna duda; en Bogotá con Millonarios y Santa Fe, en Cali, la verdad no sé como es el asunto…

América es el equipo popular y el Cali, el de más abolengo…
O.K., pero eso se ha ido difuminando últimamente, porque se han ido rompiendo esas barreras. La cultura burguesa ha hecho propia la cultura popular, la ha mercantilizado, se la fagocitado de alguna manera y eso pasa también en el fútbol. Aún así, Boca tiene esa característica principal, pero se está deshaciendo. En el caso de Boca hubo un presidente, Mauricio Macri, que ahora es el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, que decía claramente que quería transformar al equipo en un club fashion. Y, de hecho, en buena parte lo consiguió. Hasta aumentó el costo de las entradas. Tanto que muchos de los que van ahora a la cancha son turistas y algún día los demás se van a dar cuenta que los que tiene alrededor son australianos, franceses, brasileros. Pero es una pena, porque eso que te decía, que es lo primero que uno piensa cuando piensa en Boca, se está perdiendo y si este proceso sigue así, puede llegar a deshacerse. Y entonces, este, va a ser un despilfarro de 100 años de cultura popular…

Como los poetas recitan siempre sus versos, los futboleros recitamos alineaciones, ¿cuál de Boca es su favorita?
La que primero aprendí, que era la del 63 o 64: Roma, Silvero, Marzolini, Simeone, Rattín y Silveira, pero después ya se complica, de ahí para adelante, los otros cinco cambiaban más… y, sin duda, debería poder rehacer alguna de las alineaciones de Bianchi, que incluyen a los tres colombianos que fueron muy decisivos en la mejor época de Boca de toda su historia.

¿No le hace falta River a Boca en la Primera del campeonato del fútbol argentino?
Síiííí, qué se yo, hace falta, uno extraña un poco ver el Boca-River, pero el placer de verlos en la Primera B, es tan grande, que uno acepta que no se juegue el Boca-River. Es tan extraordinario. Es lo mismo que te decía con el Premio Herralde al principio, que capaz, dentro de 10 años, me van a presentar, no sé, en una universidad en Cali. “Martín Caparrós, ganador del Premio Herralde 2011, no sé qué…”, de la misma manera, River, dentro de 20 ó 30 años, va seguir siendo aquel equipo que una vez se fue a la B. Son cosas que no se terminan nunca, son placeres para toda la vida… infinitos.

Fotos de María Teresa Slanzi / Anagrama
Entrevista publicada en la revista Gaceta de El País.
(Domingo, 20 de noviembre de 2011).
Haz clic en el enlace y, cuando abra la ventana, si no se despliega la revista, dale enter en el mismo url, para ver la entrevista como salió publicada en la revista.

La ‘Decencia’ de Álvaro Enrigue

«Y ahora yo qué hago». Esa fue la pregunta con la que el escritor mexicano Álvaro Enrigue comenzó su intervención tras la introducción que hizo el editor de Anagrama, Jorge Herralde, durante la presentación de la más reciente novela del autor de Hipotermia y Vidas perpendiculares en la Casa Amèrica Catalunya.

Decencia se titula esta nueva novela de Enrigue y con la honestidad que corresponde al escritor, el mexicano se explayó en los porqués de su historia. Desde la multitud estuvo allí y quiere compartir la voz del autor. A veces algo tan importante como la escritura del mismo. Las fotos son de la página de Facebook de la Casa Amèrica Catalunya.

Parte 1: «Este un libro que cuenta una historia familiar, básicamente…».

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Parte 2: «Es una novela que pretende ver al siglo mexicano para ver qué pasó. ¿Cómo coños llegamos adonde estamos ahora…».


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Parte 3: «Creo que la novela celebra tanto como condena los pésimos usos del sistema político mexicano del siglo XX…».

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Parte 4: «Las novelas se escriben para ser escritas, nada más. Y para ser leídas. No sé si sean dispositivos que explican cosas. Una novela es una máquina del lenguaje que sólo se explica a sí misma…».

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Parte 5: «Las novelas siempre tardan muchísimo…».

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Parte 6: «Mi identidad catalana se reduce a un cuadrito que teníamos pegado en la pared de nuestra casa que decía Johan Cruyff… era un autógrafo enviado a México por un pariente de la familia desde Barcelona…».

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Parte 7: «Decencia es una novela que me tomó mucho tiempo escribir…».

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Parte 8: «Contar una historia es suficientemente difícil como para ponerse exquisito…».

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