El tsunami argentino frente a los rescatistas del Open Arms: ¿qué selección gana el Mundial 2026?

Me dice José ‘Pirri’ Quereda, vía WhatsApp, que todo el Mundial ha tenido «buena vibra» con España pero que no le gusta tener a Argentina en frente y me pregunta cómo veo el partido. Por la misma vía, contesto: A nadie le gustaría tener a Argentina enfrente. Pero esa es la realidad. Si Gustavo Alfaro, entrenador de Paraguay, definió a la Francia de Mbappé, Dembélé y Olisse, como una tormenta eléctrica, Argentina podría ser un tsunami. Una ola gigantesca que no la ves venir y de pronto, de un momento a otro, te arrolla. Te ahoga. Te mata. Pero la realidad es esa: España tiene enfrente a Argentina. Y para ser campeón del Mundial 2026 hay que solventar, de la mejor manera, ese tsunami. La selección de de la Fuente tiene los medios (literal y metafóricamente hablando) para detener ese fenómeno climático en que se ha convertido el equipo de Lionel Scaloni. ¿Cómo se para un tsunami? La sabiduría de las poblaciones en las costas e islas del Pacífico Sur, que son los que más los han sufrido a lo largo de los años, explican que un tsunami no se frena. No se interrumpe. Es imposible. Lo mejor, si lo sabes con antelación, es esperarlo. Tomar precauciones necesarias, como por ejemplo; subir a las zonas más altas del lugar, y dejarlo pasar. Dejar que el fenómeno, con su ímpetu, se ahogue a sí mismo. Y cause el menor destrozo. Eso tiene que hacer España con Argentina. Subir a las zonas altas y cuando el violento movimiento de la ola gigantesca haya pasado y las aguas estén tranquilas, aprovechar el momento y salvar la vida. Buscar rescatar el gol. Para eso tiene un gran equipo de salvavidas, dignos de navegar en el Open Arms: Rodrigo, Oyarzabal, Merino, Porro, Cucurrella, Olmo, Simon, etc… Ahora, pasado el tsunami, que tiene que ver con lo colectivo, con el equipo; Argentina tiene otro fenómeno climático independiente, con el que hay qué contar y que los expertos no han podido catalogar. De momento lo han denominado provisionalmente Masa Extraordinaria Salvaje Silenciosa e Inteligente (M.E.S.S.I.) ¿Quizás allí esté la diferencia de la final de fútbol del Mundial 2026, que enfrenta a un tsunami contra los rescatistas del Open Arms?

Campeones de Las Malvinas

Qué si vi el partido Inglaterra-Argentina? ¿Qué si mereció ganar Argentina? Me pregunta José Diago, vía WhatsApp, y por la misma vía contesto: el fútbol, como la vida, no es de merecer. Es de buscar todo, para ganar. Eso hizo Argentina y así consiguió el pase a la final del Mundial 2026. Inglaterra se acordó de lo que siempre ha sido ese país, en manos de los «tories»: conservador, tacaño, egoísta, rácano, cicatero. Y a eso jugó en Atlanta. Por eso perdió. No se puede ir ganando un partido y ponerse a defender con línea de 5 y hasta de 6. Tuchel jugó a ser la Thatcher contra los mineros en 1984 y el tiro le salió por la culata. Eso ha confirmado lo que ya estaba en boca de muchos: Tuchel es un espía alemán, para derrotar a Inglaterra, desde dentro, y vengar la derrota de la Segunda Guerra Mundial ¿O no Churchill? Y si a alguien le queda duda del poderío argentino sobre los ingleses, que cuente las veces que la pelota rebotó en los palos. La FIFA ya debería estar pensando una nueva regla: medio gol por cada vez que el balón golpee en los postes. ¿O no Mac Allister? Así nos evitaríamos alargues eternos y los porteros que llevan, en el botellín del agua, los nombres y formas de tirar los penalties los jugadores del equipo contrario. Eso no es planear. Eso es jugar a la derrota. Coming Home? ¡No! El fútbol se fue de casa y no volverá jamás. Bye!

‘Una sorprendente incógnita’, el legado pulp de Alfons Morillas Romero

La vida de Morillas Romero, Alfonso (Alfons, para sus amigos), finalizó a los 60 años, el martes 25 de noviembre de 2025. Un cáncer terminó con su existencia el pasado otoño. Los días previos a la detección de la enfermedad, el 14 de abril, Alfonso tuvo a bien presentar en el bar Kalima, de su natal Coma-ruga, su más reciente novela, la que sería la última: Una sorprendente incógnita, publicada por Stonberg Editorial, en su primera edición de marzo del mismo año.

En Una sorprendente incógnita, Morillas cuenta la historia de René, un adicto a las viejas ediciones de literatura Pulp, que empieza a recibir, de manera anónima, copias de las portadas de estos bolsilibros, sin saber el porqué. Ese interrogante lo hará moverse por el Mercat de Sant Antoni, en Barcelona, y los alrededores, para averiguar y descifrar el enigma que le plantea el misterioso remitente. Metaliteratura Pulp.

En las 150 páginas, que discurre la novela, Morillas rinde tributo a la literatura de kiosko. Aquellas historias que se compraban por «un duro» (5 pesetas), publicadas por Editorial Bruguera. El mismo autor, en un vídeo subido a Facebook, lo explicaba así: «Lo que intento hacer con esta novela es un homenaje a todos los portadistas que, durante las décadas de los 50, 60 y 70, trabajaron en la literatura pulp, especialmente en un aspecto tan importante como el de las portadas».

Así, sin querer queriendo, Jorge Núñez, Miguel García, Antonio Bernal, Jordi Bosch, Isidre Monés, entre otros ilustradores, se convierten en personajes e hilos conductores del relato de Morillas. Como en su momento Silver Kane, Frank Caudett o Curtis Garland hicieron con detectives, asesinos o agentes secretos, Morillas lo hace con René y las portadas que recibe, de camino al punto final.

Además de escritor, Morillas Romero ejercía de técnico en la biblioteca pública Terra Baixa (Coma-ruga, El Vendrell). Y como enamorado de la literatura y el fútbol, creó el mítico blog Fútbol Club de Lectura, un espacio que el divulgador cultural convirtió en altavoz de la la actividad literaria concerniente con este deporte.

«Soy Alfonso Morillas, y hago de jugador, entrenador, presidente y hasta de recoge pelotas de este Fútbol Club de Lectura, un espacio en el que se habla de fútbol y literatura, porque creo que al fútbol también se puede jugar leyendo». Así se presentaba, para los lectores de su blog. Un espacio al que echaremos mucho en falta, como a su mismo autor.

Así se presentó ese 1 de mayo de 2016, cuando nos reunimos, para entregarle un ejemplar, de mi primera novela: Los fantasmas de Sarrià visten de Chandal (Milenio, 2012), en el bar Estrella, de la rambla Josep Anton Clavé, en Cornellá de Llobregat. La foto de los dos, sentados en una banca, con la fachada del Banco Sabadell detrás, es historia. Luego, en las muchas actividades que organizaba, entre otras, nos volvimos a encontrar en una «paradeta», para el Sant Jordi de 2022, en Barcelona, compartiendo libros y firmas con los lectores.

La vida de Morillas Romero, Alfonso, terminó a los 60 años, nos queda su dedicación por los libros, el fútbol (también lo practicó, fue defensa central de Unió Esportiva de Cornellà), la biblioteca, la divulgación cultural… y su familia, un abrazo, para ellos.

Et trobarem a faltar, noi.

P.S. Si se pasan por Coma-ruga, no dejen de visitar el bar Kalima y pedir un Replicante, a la memoria de Alfons.

Poesía desde la entropía

Principio de entropía, Eolas Editorial, 2025.


«Cada poeta es original a su manera», dice el escritor español Andrés Trapiello. Y con su más reciente libro, Sergi de Diego Mas (Barcelona, 1975), da prueba de ello. Publicado por Eolas (editorial asturiana), Principio de entropía es un mar de 143 páginas, en el que el autor bucea, pesca, nada, medita, surfea, naufraga, hace apnea y hasta camina, sin problema alguno, sobre el agua que forman las palabras. Confirmando lo dicho por Trapiello, como poeta, aplicado a Sergi, de Diego Mas es singular. Único. Atrayente.

Sobre el trabajo, no sólo en este libro sino también acerca de la forma para enfrentar sus proyectos, en un intercambio de WhatsApp, que tuvo de Diego Mas con mi hijo, Joaquim, que leyó Principio de entropía y asistió también a la presentación, el autor respondió a la pregunta de cómo se inspira y crea su mundo poético.

«Es un tema de mirada, de estar atento, con curiosidad e interés, de estar atento a lo que nos rodea. Y cuando digo mirada, no solo digo mirar de ver sino también de pensar. Escuchar lo sonidos, las palabras. Acercarse a las cosas, para verlas más de cerca y, a la vez, verlas más de lejos. Y luego, intentar establecer conexiones, como diálogos entre esas cosas», explicó de Diego Mas.

El poeta también agregó: «ya de pequeñito hacía eso. A veces lo escribía en cuentos, me inventaba aventuras con muñecos. Al final es un poco darle rienda suelta a la imaginación. No tener miedo de ampliar el campo de mirada. La perspectiva. Al contrario, tener ganas de escuchar cosas diferentes, cosas que no has escuchado nunca. Tener ganas de leer, de ver cosas que generan un estímulo diferente. Buscar la diferencia».

Así es de Diego Mas. Diferente. Como lo demostró (también), en la conversación que tuvo, durante la presentación del libro, en la ya mítica librería Nollegiu, de la calle Pons i Subirà, número 3, de Barcelona, con el también escritor, crítico literario, profesor y gestor cultural, Jordi Carrión, que dio en la diana al compartir con el público su lectura del libro.

«Es un artefacto en el que encontramos los elementos de un buen libro de poesía: personajes, espacio, tiempo, estructura. Principio de entropía es un libro coherente con la obra de Sergi, con su poesía, su mundo. Es igual que sus dos libros precedentes (E-Mails para Roland Emmerich [Traficantes, 2012]; Cinemascope, [Trea, 2018]), que mezclan los lenguajes que interesan al autor. Un autor de un mundo muy orgánico», puntualizó Carrión.

«Y si la poesía fuera simplemente una forma de escuchar lo que aún no sabemos decir», se cuestiona la también poeta y escritora Ana Gorría, que después de leer Principio de entropía: concluye rotundamente: «es una obra que no responde: pregunta».

P.S. Dice Joaquim que Sergi espera con mucha ilusión que alguien más lea en voz alta el poema de la página 105. (Joaquim ya lo hizo)… escuchamos propuestas. Endavant!

Sergio de Diego Mas y Jordi Carrión, en la librería Nollegiu, de Barcelona, durante la presentación de ‘Principio de entropía’, de Eolas Editorial. Foto / Desde la Multitud / Joaquim Cabrera Rosales Climent.

¡Que pase lo peor!

La tapa de ‘Que pase lo peor’ es ilustrada por Camilo Restrepo. El magenta, de fondo, el ave amarilla decapitada y la sangre conjugan todo el aire pop que respira la novela. Foto / Desde la Multitud / Wolframio Caballero.

Metaliteratura que viaja en bus. En Transmilenio de Bogotá. Metaliteratura que camina a pie, por la carrera Séptima, hacia el sur de la capital colombiana. Y se pierde por el oriente de esa ciudad con mil ciudades. Metaliteratura que descubre el barrio Policarpa Salavarrieta y los secretos que esconden sus tiendas de telas.

Grosso modo, así podría definirse ‘Que pase lo peor‘, la mas reciente novela del «caleñotano» Antonio García Ángel, editada por Random House Colombia. Una historia en la que se encuentran las necesidades de un escritor en crisis y las ganas de un empresario textil por incursionar en la política. Este cruce de urgencias deviene en un relato lleno de situaciones rocambolescas, cuyo fin no es otro sino proteger un secreto familiar. Galguerías.

No es posible develar más, como lo confirma el autor. «No puedo contar de qué trata la novela… para preservar la experiencia de la lectura. Se puede decir que tiene humor. Procuré que fuera divertida». Así habla García Ángel, en el vídeo de promoción, colgado en YouTube.

‘Que pase lo peor’ fue terminada de leer por el autor de esta reseña, en el Café Gardenia, de Cali, junto a la librería María, del Fondo de Cultura Económica. Foto / Desde la Multitud / Wolframio Caballero.



El escritor de, entre otras novelas, ‘Su casa es mi casa’, ‘Recursos humanos’, con ‘Que pase lo peor’ vuelve a a experimentar y desarrollar esa obsesión que se ha vuelto marca García Ángel y es la de narrar la capital colombiana y volverla más un personaje de su obra.
«Es una novela muy bogotana, que recorre geografías que no han sido muy tocadas ni contadas por los escritores bogotanos», agrega el autor nacido en Cali (1972), radicado en Bogotá. «Caleñotano».

Pero la historia no solo se queda allí. La novela, protagonizada por Nelson Camargo, Reinaldo Mestizo y su hijo Yeison, va más allá. Es un laboratorio literario que, con mucho referentes: como Kafka, Flaubert, Borges, Saramago, apunta y da en el blanco. Una golosina literaria.

Metaliteratura pura y dura. Todo un ejercicio de funambulismo. En el que el autor lucha por mantenerse sobre la cuerda de alambre. Si cae a un lado: el ridículo; si cae al otro, el menosprecio. No se sabe qué es peor, pero García Ángel logra, con gran habilidad y equilibrio, llegar hasta la otra orilla. El punto final.

Valoración aparte merece la portada, ilustrada por Camilo Restrepo. Frutilla del postre que conjuga todo el aire pop que respira la historia. El magenta, el pájaro amarillo decapitado y la sangre hacen como si el mismo Andy Warhol hubiera firmado la tapa. Lo demás, lo suscribe García Ángel.

La literatura de Antonio García Ángel es una golosina. Galguería que desprende aromas a queso pera, galletas herpo y queso de cabeza. Foto / Desde la Multitud / Andrea Rosales.

¿Qué cuentan las crónicas?

‘Cuentan las crónicas’ fue comprado en la cooperativa cultural Rocaguinarda, del carrer Xiprer, 13, CP 08041, en el barrio Guinardó, Barcelona. Foto / Desde la Multitud / Wolframio Caballero.

En noviembre de 2011, para la revista Gaceta, de Colombia, entrevisté a Martín Caparrós. El escritor argentino recién había ganado el premio Herralde de novela, por su novela ‘Los Living’.

Durante la conversación, en la terraza del hotel Condes, en Barcelona, además del premio y otros temas, también abordamos, ¿cómo no?, el tema del fútbol y la literatura.

Citando a Juan Villoro, le pregunté si concordaba con el mexicano, su amigo y colega, en la idea que éste sostiene, que es muy difícil hacer del fútbol, literatura, «porque en sí, ya está contenida esa idea de épica dentro del mismo juego…».

Caparrós contestó afirmativamente. «Sí, yo suelo decir que el fútbol es un relato tan bien armado, que es difícil hacer de eso un relato por otros medios. Es un relato hecho de eso, de corridas, de pelotazos y de una épica propia que, después para trasladarla a otra, como es la estructura narrativa de un texto, tiene sus problemas. Pero, sin embargo, hay maneras de intentarlo».

«Hay maneras de intentarlo», dijo el autor de, entre otras muchas obras, ‘Namérica’,’El Hambre’ y ‘Boquita’. Traigo a colación el recuerdo de esa conversación y la respuesta de Caparrós: «Hay maneras de intentarlo»; porque eso es lo que hace precisamente Javier López Menacho, con su más reciente libro: ‘Cuentan las crónicas’, de Rasmia Ediciones.

López Menacho lo intenta y salé bien librado en este partido de fútbol convertido en novela. ‘Cuentan las crónicas’ es una historia coral, como el fútbol, donde prevalece la función del equipo y no la brillantez individual. Es una narración en la que confluyen otras digresiones, que alimentan la trama y desarrollan con fluidez el hilo narrativo. Gol.

‘Cuentan las crónicas’ es fútbol sin gluten. Balompié real. Sin VAR. Ese de campos de Tercera, o Cuarta división, en las que sobreviven futbolistas de barrio, cuya nómina no alcanza a llegar a fin de mes. ¿Les suena de algo? Futbolistas de a pie que, agobiados por la precariedad, intentan otras maneras de salir adelante en la vida. A veces… transitando caminos por los que no se debe andar. Fuera de lugar.

‘Cuentan la crónicas’ también es el homenaje de un autor nacido en Jerez de la Frontera a un escritor universal, como Gabriel García Márquez, y su ‘Crónica de una muerte anunciada’. Obra de la que López Menacho se nutre para darle forma a esta manera de intentar hacer de fútbol, literatura. «Jugada de laboratorio, a dos toques», diría un narrador de fútbol en radio. Tiro Libre.

Y es que siempre hay maneras de intentarlo... ¿o no, Martín? ¿O no, Javier? No sólo hacer del fútbol, literatura, sino todo en la vida. Y eso es lo importante: el valor de intentarlo. Y López Menacho no sólo lo intenta, sino que sale avante y gana por goleada. Pitazo final.

La literatura de Javier López Menacho tiene aroma de reivindicación social. ‘Cuentas las crónicas’ fue terminado (libro), terminada (novela), de leer en el café Spigolo, de la Piazza Giovanni Cagliero, 4, 00181 Roma, Italia. De ahí la maglia azzurra que viste el lector. Foto / Desde la Multitud / Andrea Rosales.

Leicester David

Si tuviera un hijo, ya mismo, sin dudarlo, le llamaría Leicester. Y si fuera hija, también: Leicester. Claro, tendría que luchar contra el “¡no!” rotundo de mi pareja. “¡¿Cómo se te ocurre?!”, diría ella ante mi propuesta con leve tufo a pub inglés. Tratando de convencerla, le hablaría de los 132 años de fundado que lleva el club británico. Buscando más argumentos, sacaría tiempo para mostrarle los vídeos de los 37 partidos jugados en el campeonato de la Premier League, que lo llevaron a obtener su primer título, durante la temporada 2015-2016. Me haría de armas a tomar e intentaría desglosarle jugada a jugada, como si fuera el mismísimo Pep Guardiola o Diego Simeone, el sistema o dibujo táctico del equipo.

Si tuviera un hijo o hija, en este momento, le pondría de nombre Leicester. En mi tarea difícil de persuadir a mi esposa, le contaría de cómo, al principio del campeonato, nadie daba un penique por el equipo, que terminó 14 el año pasado y que esta temporada solo buscaba salvarse de la maldición del descenso. A manera de chisme o cotilleo, le diría que, cuando conoció quién sería el entrenador para este curso, Gary Lineker, mítico exjugador del equipo, de la selección inglesa, y del FC Barcelona, escribió en su Twitter, el día 13 de julio de 2015, a las 6 horas, 24 minutos, de la tarde: “¿Ranieri? ¿Really?”. Mensaje que fue “retuiteado” 19.712 veces y que logró 10.927 “me gusta”. Hoy, casi un año después, Lineker es otro que se ha subido al bus de la victoria. El exgoleador forma parte de la turbamulta que alardea con el “¡Je suis Leicester!”.

En este punto, ya envalentonado, le diría a mi mujer que, por mi parte, se llamará Leicester. Sólo por el simple hecho de haber demostrado que con una nómina titular fichada a costo de menos de 25 millones de euros, en tiempos de hiperinflación futbolera, le dio cara, enfrentó y venció a los grandes de la liga de fútbol más competitiva, mejor organizada y, si se puede hablar de estética, más bonita. Sí, que le dio batalla y puso en su sitio a los dos Manchester y a los londinenses Totthenham y Arsenal.

Me imagino a Leicester, niña o niño, corriendo por la guardería o saltando en el parque del barrio, tropezando con las raíces de los árboles y volviéndose a levantar con la cara llena de arena. Ya lo veo o la veo y la sonrisa se me dibuja en el rostro. No sólo por la pequeña o el pequeño sino porque cada vez que lo observe o la observe, la recoja o lo recoja en mis brazos, ni hablar de cuando la llame o lo llame: “¡Leicester!”, recordaré el día en que un equipo pequeño venció a los más grandes de su campeonato. Cuando el fútbol puro y pobre venció al aburrido y multimillonario fútbol moderno.

Pensando así, quizás, solo para mantener el buen clima de la relación, y en aras de ceder en la negociación del proceso de hallarle un nombre “normal” a un hijo o hija, tal vez en ese momento, consideraré la opción de un nombre compuesto. ¿Qué tal Leicester David? Dicho sea de paso, sin importar que sea niño o niña.

El doctor del fútbol

Un colombiano se dio a la tarea de investigar las raíces y el desarrollo de las letras iberoamericanas sobre el deporte más popular en el mundo. Como resultado, entre novela, cuento y poesía, encontró 110 libros que analiza en su tesis doctoral ‘Literatura y fútbol: otros horizontes de la literatura en España e Hispanoamérica’, presentada en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Lucho

Se llama Luis Alejandro Díaz Zuluaga y puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que es el único doctor especialista en literatura y fútbol que tiene Colombia. Y, claro, como tantos otros investigadores, Díaz Zuluaga es otro científico social -cerebro fugado, dirían algunos- que se labra su futuro fuera de ese país.

Nacido en Bogotá un 1 de febrero de 1978 y con una licenciatura en Literatura de la Universidad Javeriana, este furibundo hincha de Millonarios hace cinco años aterrizó en España. Primero, en Madrid. Ciudad en la que hizo un máster en Filología hispánica, en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, (CSIC), que se puede considerar el primer tiempo de su trabajo académico. Actualmente vive en Barcelona. A la capital de Cataluña vino para seguir sus estudios, en forma de doctorado, en la Universidad Autónoma de Barcelona, y disputar el segundo tiempo de ese partido personal que lo enfrenta con el tema de la literatura y el fútbol.

Después de siete años de investigación, Díaz Zuluaga presentó su tesis Literatura y fútbol: otros horizontes de la literatura en España e Hispanoamérica, dirigida por el escritor, periodista y profesor español Fernando Valls, ante un jurado que le dio el aprobado para alcanzar el título de doctor. En este partido no hubo necesidad de alargue ni mucho menos de definición con tiros desde el punto penal. Lo suyo fue una victoria por goleada. En Barcelona, en un estadio de fútbol, el Nou Sardenya de Gràcia, hablé con él sobre su tema de investigación: la pelota y las letras.

PelotaLiteratura

¿Cuándo y por qué decidió hacer una investigación de doctorado sobre el fútbol en la literatura hispánica?
Cuando leí los primeros cuentos de fútbol que conocí, que fueron los de Osvaldo Soriano, vi que ahí había un campo de investigación que me interesaba mucho. Pensé que sería suficiente con una tesis de maestría, pero fue apareciendo mucha bibliografía y no tuve más remedio que meterme en un doctorado para poder tener un conocimiento real del tema.

Si se puede hablar de una relación, ¿qué tipo de relación tienen el fútbol y la literatura?
Creo que tienen una relación simbólica, es decir, ficcional, de mentiras, de juego, de ilusión. Por eso pueden darse la mano sin problema.

¿Cuál es la obra más antigua que encontró?
En español, el cuento de Horacio Quiroga: Juan Pólit-Half Back. Supongo que en el mundo anglosajón debe haber algo del siglo XIX. De hecho hay rastros en Shakespeare y en el Popol Vuh. Sin embargo, allí se habla de deportes muy parecidos al fútbol que no son el que nosotros jugamos. Sobre este fútbol moderno, por llamarlo de alguna manera, el primer cuento en español es el de Quiroga.

¿Cuál es la más reciente?
Mercado de invierno, de Philip Kerr, en el mundo anglosajón.

¿Y en el mundo hispánico?
Creo que La inmensa minoría, de Miguel Ángel Ortiz, publicada por Random House.

¿Cuántos libros componen su investigación?
Ciento diez libros entre novelas, cuentos y poseía. Además de algunos de crónicas y unos pocos de teoría.

De acuerdo con su criterio ¿cuál es el más extraño? ¿Cómo lo encontró?
Hay dos libros inesperados: Uno de cuentos de fútbol cubano, -donde el fútbol no representa ningún interés más allá de seguir por TV ligas europeas-, y una antología de textos literarios sobre fútbol hecha en Honduras por una mujer.

¿Cuáles son los títulos de esos libros?
Cábalas y amuletos, de Ariel Lunar; y La garra catracha, de Helen Umaña.

Catracha

Su investigación comprende la literatura hispánica en cuanto al fútbol desde géneros como la novela, el cuento y la poesía, si le tocará escoger un poema de los encontrados en su investigación para hacer enamorar a alguien de la pelota, ¿cuál escogería y por qué?
No escogería nada de literatura. Le regalaría una pelota y lo acompañaría a un parque a patear penaltis, o lo invitaría a ver una repetición de la final de la Champions entre el Liverpool y el Milan del 2005. Ahora, si el gancho fuera por medio de la literatura con un cuento de Roberto Fontanarrosa sería suficiente. Pero si fuera por medio de la poesía, hay muchos versos con imágenes preciosas en Parra del Riego, o en Canal Feijoó. Pero hay un poema de Blanca Varela titulado: Fútbol. Es la vida.

¿Cómo dice ese poema?
Juega con la tierra / como con una pelota / báilala / estréllala / reviéntala / no es sino eso la tierra / tú en el jardín / mi guardavalla mi espantapájaro / mi atila mi niño / la tierra entre tus pies / gira como nunca / prodigiosamente bella. Es más que una invitación a pensar con los pies, es la certeza de que hay quienes tratamos el mundo a las patadas.

¿Es factible considerar a la literatura del fútbol en español como un subgénero de la literatura?
Es arriesgado. Es atrevido. No creo que sea un subgénero. Creo que es más bien un tema con mucho mercado actualmente y por eso las editoriales piden a sus escritores novelas sobre fútbol.

Hay autores consagrados que dicen que del fútbol es difícil escribir una novela porque el fútbol es épico en su momento, el instante es que es jugado, y recontarlo es imposible. Es decir que no vale una segunda narración, porque lo que estamos viendo ya es y lo demás es tratar de condensar lo imposible… ¿Usted que dice frente a esto?
El problema de escribir una novela sobre fútbol es que se piensa que el éxito está en narrar partidos literariamente. Esto hace que siempre se terminen escribiendo historias que apenas tienen el fútbol como excusa para profundizar otros temas ya que eso le resulta más cómodo y viable al autor. Eso sí, siempre con algún partido de fondo. Pero la cosa es más sencilla de lo que parece: una novela sobre fútbol debe contar una historia en la que la pasión por el fútbol sea el hilo narrativo, en el que una visión de mundo condicionada por la pasión por este deporte altere, incida, influya, marque y explique la vida de un individuo. Incluso no sería necesario un partido de fútbol en sí, sino la ilusión constante de vivir como si la vida fuera un partido de fútbol.

¿Por qué muchas de las novelas de fútbol decantan hacía historias del tipo de la novela negra: muertos, corrupción, detectives que investigan casos?
Las mafias y el mundo oscuro del espionaje y las conspiraciones siempre han estado muy cerca del fútbol. Y esto, teniendo como base lo dicho anteriormente, le facilita al autor “escribir una novela sobre fútbol” aprovechando que hoy en día interesan y venden mucho las ficciones narrativas sobre intrigas. En este caso, el fútbol es apenas un pretexto ya que no son novelas futboleras ni mucho menos.

DelanteroCentro

De acuerdo con su criterio ¿cómo debería ser o en qué debería centrarse una novela de fútbol para ser eso, una buena novela de fútbol?
Una novela de fútbol -eso de buena o mala es un juicio de valor hermenéutico- debe ofrecer la posibilidad de que el lector logre reconocer los elementos por medio de los cuales una persona puede llegar a perder la cabeza -me refiero a darle un vuelco total a su vida, o a empezar a tomar decisiones trascendentales para su vida a la luz del fútbol-, ante la presencia de una pelota de fútbol en su vida. Es eso. Es más: debería también tener las claves a propósito de qué es o de qué elementos está hecha una pelota de fútbol a sabiendas de que una vez llega al pie del hombre, es capaz de robar toda su atención haciéndolo víctima de una situación de juego ficcional, que luego puede llegar a trasladarse a la vida diaria en la mente de ese hombre.

¿Hay futuro para la literatura de fútbol? Más allá de los que se ve cada cuatro años en tiempo de Mundial.
Yo creo que sí. Hay novelas y cuentos muy interesantes que han llamado la atención frente al hecho de que todavía no sabemos qué es lo que nos embruja del fútbol.

Si se hiciera un triangular de literatura de fútbol entre la poesía, el cuento y la novela, ¿cuál saldría ganando? La pregunta va encaminada a qué se escribe más: poesía, cuento o novela de fútbol.
Se publican más novelas, se escriben más cuentos, pero la poesía es el mejor lugar para poder hacerse a una idea de lo que puede ser el fútbol: un universo poético cargado de símbolos y de reglas capaces de dotar a los jugadores de una épica, una tragedia, un drama o una comedia en la que se juega a ganar intentando controlar con los pies un elemento redondo celoso y arisco.

¿Qué autores recomienda para el lector que se acerca por primera vez a este, digamos, subgénero literario?
A mí me gusta mucho leer crónicas. Pero no crónicas de partidos ni mucho menos sino crónicas en las que alguien reflexiona el porqué de lo que pasa en el terreno de juego, interpretando eso a la luz de un contexto social. Puede sonar inútil y contradictorio frente a lo dicho anteriormente. Pero lo que realmente tiene de valioso una crónica es que intenta explicarse a sí misma el porqué de la locura social y deportiva ante el fútbol. Un ejemplo: Enric González. La crónica puede ser una puerta de entrada.

¿Usted jugó o juega al fútbol? ¿Qué posición hacía? Como escritor y futbolista aficionado, ¿qué es más difícil escribir sobre fútbol, bien sea novela, cuento o poesía, o anotar un gol en un partido?
Jugué fútbol desde muy niño. Era mi vida. Quise ser futbolista pero tuve lesiones y ahí se acabo todo. Jugaba de delantero. Creo que es más difícil anotar un gol por toda la dificultad que tiene el juego con rivales y con una pelota en disputa. Además, no he intentado todavía escribir sobre fútbol pero creo que también puede ser muy difícil si no hay pasión. Quien juega al fútbol es un apasionado.

¿Y quién escribe literatura de fútbol?
¡Un soñador!

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(Haz clic en el enlace o en la imagen,
abajo, 
para ver la historia  en .pdf)
Publicado en el periódico EL TIEMPO, 3 de junio de 2015

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L’Eroica: el Woodstock del ciclismo

Cada año, desde 1997, el primer domingo de octubre, se celebra en la Toscana,
L’Eroica. Una carrera retro-vintage que le rinde culto al pasado del ciclismo.
Sobre carreteras sin asfaltar y caminos de tierra, entre los viñedos que producen
el famoso Chianti de la región, miles de ciclistas empujan sus pedales para revivir
los años dorados de la bicicleta. Benvenuti.
ImagenEroica

(Haz clic en la imagen, arriba, o en el enlace, abajo,
para leer la historia completa en .pdf)
Publicado en revista DONJUAN, 14 de junio de 2014