
Metaliteratura que viaja en bus. En Transmilenio de Bogotá. Metaliteratura que camina a pie, por la carrera Séptima, hacia el sur de la capital colombiana. Y se pierde por el oriente de esa ciudad con mil ciudades. Metaliteratura que descubre el barrio Policarpa Salavarrieta y los secretos que esconden sus tiendas de telas.
Grosso modo, así podría definirse ‘Que pase lo peor‘, la mas reciente novela del «caleñotano» Antonio García Ángel, editada por Random House Colombia. Una historia en la que se encuentran las necesidades de un escritor en crisis y las ganas de un empresario textil por incursionar en la política. Este cruce de urgencias deviene en un relato lleno de situaciones rocambolescas, cuyo fin no es otro sino proteger un secreto familiar. Galguerías.
No es posible develar más, como lo confirma el autor. «No puedo contar de qué trata la novela… para preservar la experiencia de la lectura. Se puede decir que tiene humor. Procuré que fuera divertida». Así habla García Ángel, en el vídeo de promoción, colgado en YouTube.

El escritor de, entre otras novelas, ‘Su casa es mi casa’, ‘Recursos humanos’, con ‘Que pase lo peor’ vuelve a a experimentar y desarrollar esa obsesión que se ha vuelto marca García Ángel y es la de narrar la capital colombiana y volverla más un personaje de su obra.
«Es una novela muy bogotana, que recorre geografías que no han sido muy tocadas ni contadas por los escritores bogotanos», agrega el autor nacido en Cali (1972), radicado en Bogotá. «Caleñotano».
Pero la historia no solo se queda allí. La novela, protagonizada por Nelson Camargo, Reinaldo Mestizo y su hijo Yeison, va más allá. Es un laboratorio literario que, con mucho referentes: como Kafka, Flaubert, Borges, Saramago, apunta y da en el blanco. Una golosina literaria.
Metaliteratura pura y dura. Todo un ejercicio de funambulismo. En el que el autor lucha por mantenerse sobre la cuerda de alambre. Si cae a un lado: el ridículo; si cae al otro, el menosprecio. No se sabe qué es peor, pero García Ángel logra, con gran habilidad y equilibrio, llegar hasta la otra orilla. El punto final.
Valoración aparte merece la portada, ilustrada por Camilo Restrepo. Frutilla del postre que conjuga todo el aire pop que respira la historia. El magenta, el pájaro amarillo decapitado y la sangre hacen como si el mismo Andy Warhol hubiera firmado la tapa. Lo demás, lo suscribe García Ángel.


