¿Habemus Pepem?

José Mujica falleció el martes 13 de mayo en un hospital de Montevideo y pidió ser enterrado junto a Manuela, su perra de tres patas, en el Rincón del Cerro, su chacra en las afueras de Montevideo (Uruguay). Así se se hizo. Requiem pace.

Pepe, como lo llamaban cercanos y lejanos, exguerrillero Tupamaro, expresidente de Uruguay y máximo estandarte de la izquierda política murió a los 89 años. Su «trono», como líder internacional, ha quedado vacío y ya muchos anhelan sucederle. Cardenales, perdón, aspirantes no faltan. Sede Vacante.


En el conclave imaginario, que podría tener lugar en Montevideo, la capital uruguaya haría de Ciudad del Vaticano. Y nada mejor que Punta Carretas, esa cárcel, -donde precisamente Mujica estuvo preso y fue torturado- que hoy es un Shopping Center, sobre la calle José Ellauri 350, para hacer de Capilla Sixtina y confinar a los candidatos electores. Extra omnes.

Sin lugar a dudas, así a muchos de sus compatriotas (y de otros sitios del mundo -Trump, incluido-) no les sienta bien, en este cónclave sin purpurados, parte con ventaja el colombiano Gustavo Petro. Exguerrillero -como Mujica-, del M-19; que estuvo preso -como Mujica-. Torturado -como Mujica en Uruguay-, Petro fue víctima del estado de sitio del gobierno colombiano de Belisario Betancur. Sin Habeas corpus.

Petro pronto será expresidente -como Mujica- (le resta 1 año de mandato), y así completará casi todos los requisitos para ser Pepe II. Sin embargo, la fumata blanca podría ser negra en las primeras votaciones, de no haber consenso en el cónclave de Punta Carretas Shopping Center. Otros pretendientes puede que se levanten ante al favoritismo del colombiano. Alter ego. Casus belli.

El primero de ellos es Luis Inácio Lula da Silva. Sin haber empuñado armas, como guerrillero, se sabe de su pasado sindicalista en Brasil. Organizador de huelgas contra la dictadura y fundador del Partido de los Trabajadores. Da Silva tiene las condiciones orgánicas. No por nada es reconocido como «el primer presidente obrero» de o maior país do mondo. Con 79 años y a 2 de finalizar el mandato en Brasil, Lula (I) ocuparía el lugar de Mujica, de forma natural. Quid pro cou.

Al entrar enfrentados y no llegar a un acuerdo entre «petristas» y «lulistas», en Punta Carretas Shopping Center, Gabriel Boric, actual presidente de Chile (le resta 1 año de mandato), podría ser el Robert Prevost de esta sucesión. ¡La sorpresa! Líder estudiantil en sus inicios políticos y creador del Partido Convergencia Social, Boric es un hábil abogado, que puede sacar fruto para encabezar, defender y proteger las ideas progresistas a nivel mundial. Su juventud juega en contra (o, a favor). Ipso facto.

No hay que dejar de lado al mediático Pablo Iglesias. El exvicepresidente de España también querría tener voz, voto y protagonismo dentro del cónclave del progresismo en Punta Carretas Shopping Center. Como ya lo hizo durante la gestación del movimiento Indignados de M-15, (por el 15 de mayo de 2011)… del que resultó Podemos; a Iglesias no sólo le seduce la participación sino tomar el liderazgo de estas causas. Surge une pregunta, para jugar de local: ¿forzaría un cambio de sede del cónclave de Punta Carretas Shopping Center, de Montevideo, a la taberna Garibaldi, que regenta en Lavapiés, de Madrid? In extremis. Delirium tremens.





¡The Big Pope!

Si tuviera mucho dinero y una productora de televisión, sin dudarlo un segundo, ofrecería al Vaticano, ya mismo, un cheque en blanco, para hacerme a los derechos exclusivos del cónclave que elegirá al próximo papa.

Si tuviera mucho dinero y una productora de televisión, sin dudarlo un segundo, convencería al Vaticano de hacer un reality (no sería difícil, dinero de por medio), cuyo fin sería encontrar sucesor a Francisco, como líder de la iglesia católica mundial.

El programa llevaría por título ‘The Big Pope’, (All Rights Reserved by Juanli) y como en cualquier producto de este género televisivo, los cardenales candidatos serían seguidos por cámaras las 24 horas del día: en sus habitaciones, en la cocina, en el comedor, en el baño, en el confesionario y claro está, en la mismísima Capilla Sixtina, al momento de la votación. Fumata bianca.

Votación, a propósito, de la que participarían los más de mil millones de católicos y televidentes que sigan el programa a nivel mundial. Haciendo cumplir de verdad el precepto de que la Iglesia se abra a sus fieles. Votación por teléfono y RR. SS., previo pago, claro está. El papa a un click. El papa de la gente.

Para hacerlo más interesante y crear contenido, el reality, como cualquier otro, incluiría concurso de talentos. Así el cardenal venido de México lograría interpretar cualquiera de las rancheras de Pedro Infante o José Alfredo Jiménez y/o el representante de Nueva Zelanda podría deleitar a los televidentes con su interpretación de la danza maorí Haka. Como si de un All Blacks se tratase. Vestido como tal, para el Cuatro Naciones de Rugby.

En ese sentido, estaríamos a abiertos a monólogos hamletianos o actuaciones que nos recuerden a Marilyn Monroe, en cualquier de sus películas, o a la mismísima Kelly LeBrock, en la ochentera The Woman in Red.

Remember la mirada de Gene Wilder y el vestido rojo de la chica volando, al pasar por un respiradero de metro, dejando ver las extremidades inferiores de LeBrock y sus bragas rojas de seda. Qué bien se vería, televisivamente, en lugar de Kelly, un cardenal y su sotana al vuelo, mostrando sus piernas consagradas, para llevar el peso de la iglesia sobre ellas.

Ya entrados en gastos, como si fueran camisetas de futbolistas, personalizaríamos mitras, báculos, casullas, mucetas, esclavinas, estolas, y hasta solideos, con los apellidos de los purpurados, como productos para comercializar en las calles.

Lograr que los niños no vistan camisetas de Lamine Yamal ni Mbappe sino casullas de Parolin, sotanas de Tagle y el solideo de Becciu, sería el objetivo.

Y por último, dinero de por medio (otro cheque en blanco), intentaría de convencer a toda la curia, que para mantener en alto la popularidad, habría de realizarse un cónclave cada cuatro años. Sí, como un mundial de fútbol, convirtiendo a la ciudad vaticana en La Meca (¡Upps!) de los fanáticos religiosos católicos ultras y no tanto. Nada de Extra Omnes. Iglesia de puertas abiertas. 24 horas. Bueno, no tanto. Al menos, Seven/Eleven. Todos dentro. Amén.